¿Quien podría negar que las manijas del cajón que transporta el cadáver político de Eduardo Brizuela del Moral tengan nombres y apellido? Catalina, Marta, Stella, Juana, Nora, la otra Marta. Son mujeres asesinas.
Es que las mujeres que Eduardo Brizuela del Moral eligió para que lo acompañen durante sus años de gloria política, solo se destacaron por los escándalos que protagonizaron; al extremo que terminaron asesinando la imagen publica del primer mandatario. En ese sentido, el último proceso electoral solo fue una autopsia.
Martha Torres de Mansilla (ex Secretaria y Ministra de Desarrollo Social), Stella Sartor de Zurita (Secretaria Privada de la Gobernación), Catalina Krapp (Secretaria de Estado de Turismo), Nora Martínez (Subsecretaria de Ambiente), Martha Grimaux de Blanco (Senadora provincial, presidente de la UCR), Juan Fernández de Callantes (Secretaria de Deportes), de todas ellas podría decirse que fueron adictas al escándalo. Como si fueran una Nazarena Vélez, una Graciela Alfano, una Amalia Granata, una Cinthia Fernández, una Silvia Zuller o una Luciana Salazar cualquiera.
Todas parecían enviciadas y nunca encontraron otra manera de relacionarse con los medios que no fuera a través de protagonizar hechos de corrupción, desastres políticos y económicos, bombas políticas. Cómo, sino, impactaron desde el 2003 hasta acá?
Estas mujeres de la farándula política catamarqueña nunca pudieron controlar su adicción al escándalo y terminaron mal. Asesinaron políticamente al primer mandatario, su protector político. Una lástima.