Se agrava el problema final del gobierno frentista: la corrupción, porque donde se toca, salta esa pus. Ahora es la ex Capresca, que a muchos sorprende por la cantidad de premios que paga porque de noche es común que salgan sorteados los números más jugados; sospechoso, dicen, casi tanto como la facilidad con que se extravían expedientes de préstamos, sobre todo los otorgados a los dependientes del poder judicial.
En la etapa final del gobierno de Eduardo Brizuela del Moral el principal problema parece ser la corrupción que comienza a asomar en todas las áreas donde se posa la atención publica. Es como que el caso OSEP comienza a tener derivaciones más allá de ese organismo. Son consecuencias capaces de aumentar el malestar reinante contra el gobierno brizuelista. Y también de agregarle tensión a los vínculos internos del radicalismo, porque las voces internas de rechazos siguen aumentando.
Muchos agencieros y empleados de la propia ex CAPRESCA ya venían sospechando por el significativo incremento de los montos que desembolsa diariamente la institución en concepto de premios por los números favorecidos en los sorteos nocturnos de la quiniela.
Con humor, todos los timberos aseveraban que el sueño profundo de la escribana encargada de controlar los sorteos pesaba más que la diosa fortuna para que un número resulte premiado. El ingenio popular ciertamente no tiene descanso. Pero con el pasar del tiempo la cosa paso gris a negro azabache cuando se comenzó a atar cabos.
El sueño profundo en que se sumerge cada noche la escribana encargada de controlar los sorteos aparentemente termina favoreciendo a los números más jugados. Con la escribana knock-out, la cristalinidad del sorteo cae en manos del Jefe de Sorteos de la ex CAPRESCA, Héctor Castillo, justo la persona a quienes los más desconfiados lo vinculan a unas ocho agencias de quinielas y con una casa de préstamos usureros casualmente en cercanías del casino.
Para esas almas corroídas por la desconfianza, Castillo puede manejarse a su antojo con el bolillero. Sucede que su concubina es nada mas y nada menos que la Subgerente General de la ex CAPRESCA, Beatriz Molina, la figura institucional encargada de dar transparencia al sorteo y controlarlo.
Para colmo de males los antecedentes de esta gente no parecen contribuir mucho a defenderlos. Más allá de que pasaron por todos los principales cargos de la ex CAPRESCA en los últimos 20 años, sobre Castillo pesaría el antecedente concreto de una denuncia por pedido de coimas que la promoviera un bingo de Las Chacras hace unos años atrás.
Para los desconfiados, la cosa es tan sospechosa como la cantidad de expedientes de créditos que se traspapelaron últimamente. Y ni mencionar la falta de rendición de cuenta de balances anuales desde el 2004, algo que es indispensable para calcular los premios a los trabajadores de la ex Capresca, según los convenios que los amparan.