Pasaron apenas días de la derrota del Frente Cívico y Social en la provincia, y las miradas políticas de los catamarqueños apuntaron a la Universidad Nacional de Catamarca, que se sabe es una dependencia interna del oficialismo provincial. Allí, todavía impera, aunque tambaleante, el modelo político que los ciudadanos de esta provincia rechazaron en marzo.
La ingenua e ilusoria verdad es que muchos radicales se habían hecho a la idea de que en diciembre próximo recalarian en su Casa de Altos Estudios, no para producir conocimiento y transferirlo a la provincia, sino solo para asegurarse un ingreso que les permita mantener el nivel ingresos que tienen desde 1991.
En la UNCA, no por decisión de la mayoría de sus docentes, muchos de los cuales son reconocidos fuera de la provincia y se merece el mayor de los respetos, solo triunfan académica y políticamente los mediocres y los obsecuentes. Eduardo Brizuela del Moral y Martha Grimaux de Blanco son los mejores ejemplos. Esa es la única, y penosa, transferencia que hizo la UNCA a la provincia.
La factura que estamos pagando por los catamarqueños por haber confiado en ese modelo político que representan los Brizuela del Moral o las Grimaux de Blanco, la pagamos con pobreza, indigencia, desempleo y corrupción.
Este modelo político de fracaso asegurado no se sabe todavía si en la UNCA tiene fuerzas suficientes para perdurar. Si hay claros indicios de crecimiento de niveles de rechazo. Así debe entenderse que un rector en ejercicio se revele contra sus patrones políticos o que se multipliquen las voces que piden se democratice en serio la elección de las distintas autoridades, rector y decanos. Para eso hay una sola vía, el voto directo de estudiantes, docentes y egresados.
Para que se produzca un cambio político se necesitan muchas cosas, apoyo político externo fundamentalmente, pero hay una condición que resulto determinante para un 13 de marzo, voluntad de cambio interno. El rechazo a las prácticas perversas de los funcionarios radicales de la Universidad tiene que ver con esto, porque garantiza hoy día que esa voluntad existe.
Una de las cosas buenas que ha pasado el 13 de marzo es que hemos aprendido a manifestar democráticamente un rechazo definitivo a los sistemas políticos que fingen ser lo que no son, los falsos, los truchos para usar una termino callejero. Ojala la ola llegue también a la Universidad.