Mientras gobernó vivió aislado, en una burbuja practicamente, desconectado de lo que nos pasaba todos los catamarqueños todos los días; realidad de la que se anoticiaba de tanto en tanto, cuando el entorno que le escribía el diario por el que se informaba le contaba asuntos graves, que no se podían ocultar.
Tal vez por eso cuando el mandatario comunica algo a la sociedad, cuando envía un mensaje, ciertamente no se le entiende mucho de que habla. Un ejemplo son sus últimas declaraciones, hechas en Fiambalá, antes de cruzar a Chile. Allí aseguró que en diciembre próximo dejará una provincia ordenada (SIC). No dejan de llamar la atención esas declaraciones, tanto que bien podríamos pedirle, cualquier catamarqueño, Usted, nosotros, que exponga su criterio acerca del orden, al menos de ese que se jacta.
La provincia tocó todos los fondos posibles; cualquier índice, el que Usted elija amigo lector, refleja el verdadero estado general de nuestra sociedad, y demuestra además que las consideraciones de Brizuela no se condicen con la realidad. Pero si hay algún botón de muestra de la diferencia de la realidad local con la que pinta Brizuela, ese botón es el caos que se vive dentro de la UCR; ni hablar de la crisis que vive el bloque de diputados del oficialismo.
Si se considera lo que pasa ahí dentro, la exposición que debiera brindarnos Brizuela parece más urgente. Como paso lejos de todos nosotros en los últimos años, en El Rodeo, en Córdoba, en Buenos Aires o en Europa, Brizuela ahora estará lejos de la Convención de la UCR; ahí pasarán cosas que hablan de un desorden del que también Brizuela es responsable; aunque a él le guste hablar de orden.