De esta manera, las lecciones aprendidas no acaben muriendo en los polvorosos senderos del olvido, sino que renazcan eternamente bajo la custodia de quienes habrán de regir los destinos de nuestra provincia. Que la asunción del nuevo gobierno electo, sea una clavija entre los eslabones del tiempo, un empalme entre los vagones del pasado y el futuro de la ciudadanía.
Desde este grial de la democracia, en que deleitamos los que predicamos la actividad política, saludamos a las nuevas autoridades gubernamentales, y les damos la bienvenida a la sublime responsabilidad de servir a los demás, una tarea que esconde cardos y espinas, pero que produce mayor satisfacción que ninguna otra labor en la vida.
Todos aguardan poder vivir una Catamarca distinta, que recupere el rumbo y la ruta, que abandone la madriguera de la incertidumbre y de la apatía para navegar en el mar abierto de la esperanza, que renuncie a ser espectadora de su devenir histórico, que trace los itinerarios de su travesía y que deje de posponer indefinidamente el momento de su alborada, que sepa despertar a la luz de un nuevo día.
No hay visión más triste que la de un pueblo que pierde la fe. Ninguna política puede germinar en un terreno que no recibe el abono de los sueños. Es por eso que el retorno de la confianza es el principal fruto que hoy anhelamos. La comunidad desea contar con un Estado aliado, y no sólo administrador, para así emprender la marcha hacia un futuro más digno para todos, reconociendo que es posible generar, desde la función pública, las condiciones propicias para atravesar las puertas del desarrollo, entendiendo que nuestra provincia no necesita favores, sino tan sólo una oportunidad para explotar su inmenso potencial.
El pueblo está convencido de que el gran reto durante los próximos años, será un reto de medios y no de fines, será el reto del camino y no del destino, será, en suma, el reto de la política.
En los últimos años, hemos aceptado que los caminos políticos se conviertan en una pista de salto de vallas. Hemos tolerado que el control se vuelva un objetivo en sí mismo, y no una herramienta para garantizar que las cosas se hagan. Y esto no beneficio a nadie. Y sobre todo, no beneficio al pueblo, que con los brazos extendidos aguarda los frutos de la democracia.
Nuestra provincia tiene entre sus manos, una destacable oportunidad historia, la posibilidad de convertirse en una comunidad desarrollada. Pero esa posibilidad depende de que seamos capaces de construir, también una cultura política desarrollada, una forma más madura de entender el proceso democrático.
Definitivamente será mejor el día en que dejemos de acarrear agua del pozo de la confrontación y el resentimiento, y empecemos a regar los campos con el agua diáfana del diálogo y el respeto, con la voluntad para coincidir y la vocación para ayudar.
Nadie sabe si hay un futuro escrito para cada uno de los que profesan la sensatez para gobernar. Nadie sabe si cada gobernante lleva en su alma una brújula escondida que le muestra el camino. Sólo se sabe que el hombre político noble y con convicción sus pasos lo llevaran al lugar más imponente que jamás haya visto, al corazón su pueblo.
Luís Edgardo Quiroga
DNI. 6.086.752
TINOGASTA