Es que desde la derrota del 13 de marzo pasado y a medida que se acerca el fin de la actual gestión, es cada vez más difícil que los funcionarios estampen sus respectivas firmas en cuestiones que tienen que ver quizá con otras áreas pero que necesariamente deben contar con todas las rúbricas.
Así lo contó una fuente gubernamental que trabaja en el CAPE, quien precisó que desde la derrota de marzo nadie quiere firmar nada que lo pueda comprometer en el futuro. Desde el revés electoral todos los trámites se han vuelto más burocráticos y demoran más lo habitual.
Según se indicó, la situación se nota no tanto en temas a iniciar y terminar de aquí a diciembre, sino en aquellos que por distintas cuestiones se han demorado y se pretende dejarlos cerrados. En ese contexto, muchos funcionarios leen más de una vez lo que les llega para firmar, lo que perjudica el normal desarrollo del procedimiento administrativo del Estado.