No hay ningún dato que haga prever que la sociedad catamarqueña cambie el sentido de su voto el 23 de octubre; pero si puede cambiar el criterio de los que votaron en contra de Cristina Fernández de Kirchner, fundamentalmente por no quedarse a fuera de la movida.
Pero esta nueva conformación de la lista del FCS, que sería Gustavo Jalile del MIRA, como primer candidato a diputado titular, Fabiola Garrot, segunda candidata a diputada (Renovación Radical), Liliana Sakalián, del MIRA (primera candidata suplente) y Mario Marcolli (Militancia Popular) segundo candidato suplente, será victima de la feroz interna que se vive en el radicalismo.
La cortada de rostro de Renato Gigantino a Gustavo Jalile, que hasta ahora no lo saludó por su triunfo y la queja con el corazón en la mano de Mario Marcolli, son solo una señal de lo difícil que será la elección del 23 de octubre para el intendente chacarero.
A todos esos antecedentes y los propios 38 puntos que tiene por remontar, a Jalile le tocará sufrir la vendetta que le tienen prometida el ala política del gobierno provincial, que por fin coincidirán con el sector Renovador en cobrarle al chacarero las cosas que le hizo y le dijo estos últimos años a Eduardo Brizuela del Moral.
Pero si Jalile cree que además de la Intendencia puede recostarse sobre el sector celeste del radicalismo catamarqueño, que lo apoyó es cierto el domingo pasado, se equivoca. Pocos creen que Oscar Castillo se pronuncie abiertamente a favor del intendente cuando se sabe que va derecho al matadero. Además, ¿Por qué Castillo le regalaría votos a Jalile, cuando se sabe que está empecinado en deslegitimar a todos los dirigentes radicales posibles para que cuando pase el tsunami K ser él como el único jefe de la oposición?