Fue a media mañana de ayer; evidentemente el ministro Mario Marcolli no tiene mucha tarea en su despacho. El hecho es que el ministro participaba de una reunión de tipo político, junto a otras dos personas, que intentaban convencerlo de que no continúe con las declaraciones en contra del gobierno provincial.
Marcolli insistía con su rap de la soledad, que el gobernador Eduardo Brizuela del Moral lo animó a presentarse como candidato a diputado nacional para la interna del domingo pasado y que luego no lo apoyó; peor aún, que apoyo a un rival suyo, Renato Gigantino, cuando se había comprometido a ser prescindente de la contienda.
Los que compartían la mesa con el irascible Marcolli, pretendían, en vano claro, que comprendiera que no era conveniente que continúe con las denuncias, fundamentalmente porque el oficialismo todavía tiene por delante otra elección, justamente la de diputados nacionales en octubre próximo. Después, le decían, sería más conveniente para todos.
Marcolli argumentaba prácticamente para toda la concurrencia; o al menos toda la concurrencia tenía los oídos direccionados a sus palabras. Por supuesto que el ministro dice tener vía libre porque no le importa su cargo, que está a disposición del Gobernador, para cuando se la pida. Él, por lo visto, a pesar de la traición que le acusa al oficialismo con Eduardo Brizuela del Moral, no piensa renunciar.