Estamos dispuestos a justificar que Macri haya comenzado a mencionar “propuestas para el 2015” en un aparente regreso a su ex condición de candidato presidencial. Los éxitos suelen ser malos consejeros a la hora de hacer declaraciones.
En un rasgo de supuesta modestia, Macri dijo que su triunfo se debió a “un proceso natural” y descartó de plano que pueda convertirse en “el gran opositor” del kirchnerismo gobernante.
La euforia triunfalista propia de un dirigente como Macri, asediado por verdaderas nubes de movileros puede sacar de un justo equilibrio al más veterano hombre público.
Y vino el derrape, “la metida de pata” cuando dijo que la Presidente Cristina Fernández lo había felicitado por su triunfo y explicó que al llamado telefónico lo había atendido “en calzoncillos y con remera”.
El señalamiento de ese detalle nos parece algo totalmente impropio de una persona bien educada y una evidente falta de consideración hacia la Presidente en su doble condición de máxima autoridad del Poder Ejecutivo Nacional y mujer.
Puede ser que el reelecto jefe de gobierno porteño advierta la pifia cometida y pida disculpas. Es lo menos que puede y debe hacer un hombre de bien.