Confirmado, las pintadas no le gustaron (nada) a Zitelli

La posición crítica que asumió El Ancasti con Hebe de Bonafini, luego de que esta se negara a contestar una pregunta de un periodista de ese medio, se transformó en un virulento ataque a los desconocidos autores de pintadas a favor de las Madres; que además incluyeron “advertencias” y posiciones impostadas que resultan a todas luces desopilantes.
jueves, 25 de octubre de 2012 00:00
jueves, 25 de octubre de 2012 00:00

En la edición de ayer, se confirmó que las pintadas callejeras a favor de las Madres de Plaza de Mayo no le cayeron bien al propietario de El Ancasti, Silvio Zitelli, (aunque hay dudas sobre si también molestaron dentro de El Ancasti, a los empleados, que hasta donde se sabe se solidarizaron con Pablo Romero, pero con nadie más).

La gente de calle Sarmiento, Zitelli mismo, resultó víctima del oficio de definir todos los días, la actualidad. Pasa que con semejante estrés, la gente de los medios adopta la actitud sistemática del juez, del maestro de escuela o del profesor de moral; en este oficio, a la jactancia o a la tontería solo hay un paso. Ayer Zitelli lo dio. Lástima.

Se indignó el empresario poli rubro por el anonimato de las pintadas, como si no supiera que cuando se recurre a ese formato, los que redactan lo hacen sin adornos ni declaraciones de principios. Los pintores son “nadies” según la definición de Eduardo Galeano: “los que no son, aunque sean; los que no hablan idiomas, aunque si dialectos; que no profesan religiones, sino supersticiones; que no son seres humanos, sino recursos humanos; que no tienen caras, pero si brazos; que no tienen nombres, pero si números; que no figuran en la historia, sino en la crónica roja de la prensa”. “¿quiénes se creen que son éstos cosos para advertir nada?” se queja Zitelli del atrevimiento de los anónimos que caminan las calles.

Pero además, la editorial de Zitelli aparecida ayer en El Ancasti, recurre a expresiones poco felices, que hasta podrían volvérsele en contra; por ejemplo cuando habla mal de los que “proliferaron y se consolidaron con recursos públicos”. Justo él, Zitelli, que seguramente debe haber puesto la boca como el sapo que decía “pubrecito el cucodrillo”; quién más que él sabe de consolidarse con recursos públicos.

Hay diferentes maneras de explicar la realidad, desde el idealismo hasta las formas más miserables; pero aunque los ánimos en una sociedad estén exaltados, los editores y los medios serios deben tener una actitud sensata. No la tuvo Zitelli en su respuesta en El Ancasti cuando habla de “proscripciones” o de “los que arriesgan la libertad, la integridad física o la vida (SIC)”. Son solo palabras, pero que hablan de una violencia simbólica que no se condice con un editor hecho y derecho. En definitiva son insinuaciones que meten miedo.

Utilizando sus mismos planteos podría preguntársele a Zitelli y a El Ancasti: “¿Hay que renunciar al criterio propio? ¿Hay que abstenerse de preguntar, de interrogarse, de plantear dudas?” “¿quiénes se creen que son éstos cosos para advertir nada?”.

Y en otro párrafo desafortunado, habla mal de “todos los que detrás de la bandera de los derechos humanos hacen negocios”. Cualquiera podría preguntarle, y él, Zitelli, temblar de miedo a que alguien sepa la respuesta, ¿qué hacia Usted en la época de la dictadura?

En suma, no queda claro en los dichos de Zitelli en su editorial de El Ancasti, que esté dispuesto a colaborar en la obra común mediante el ejercicio periódico de ciertas reglas de conciencia, esas que desde las páginas se dedican a criticar a la política por carecerlas, porque como siempre asume tener el privilegio de la clarividencia y la superioridad de los que se equivocan nunca.

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