Claro, El Ancasti no lo incluyó en el listado de los que pretenden sacar provecho de la historia de los desaparecidos o de las Madres, al contrario, le dio un tratamiento especial, porque coincidía con sus intereses.
El diputado José Sosa acostumbraba pronunciar en el recinto de la Cámara encendidos discursos a favor de la causa de los desaparecidos en la década de los ’70; siempre en ese tono alfonsinesco que lo caracteriza, no se sabe si desde el incidente del viernes lo seguirá haciendo.
Es que sorprendió a muchos presentando un proyecto de declaración en el que insta a la Cámara de Diputados a expresar el rechazo a las expresiones de la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini.
Los mal pensados relacionaron su viraje con el proceso interno que se vive en la UCR, más precisamente con un interés de agradar a Silvio Zitelli, quien llegado el momento, se especula, podría retribuirle con minutos de aire de radio o centímetros en el diario.
Es la forma de actuar de legisladores nacionales, que sin mucho apoyo social ni menos grandes estructuras, siempre llegan y perduran en bancas en el Congreso Nacional. Patricia Bullrich, María Eugenia Estensoro, entre otras. Bonafini, con vehemencia, diría que son voces calificadas en la defensa permanente de los intereses del grupo Clarín.