UCR

La falacia de las líneas mayoritarias

Las voces autorizadas de las líneas mayoritarias del radicalismo cuestionan a las líneas chicas por sus airados y mediáticos reclamos de internas. El castillismo y el brizuelismo, a su vez, les reclaman que los pedidos no se hacen dentro del Partido, sino que se realizan en los medios; pero de democratizar la UCR no dicen nada.
jueves, 4 de octubre de 2012 00:00
jueves, 4 de octubre de 2012 00:00

Las líneas denominadas chicas del radicalismo local vienen reclamando hasta el hartazgo la realización de internas partidarias para la selección de candidatos para el 2013. Es que advierten que los popes partidarios se reservan la potestad de elegir ellos a los candidatos de la UCR, que no serán otros que los parientes y los que se someten al liderazgo de Oscar Castillo y Eduardo Brizuela del Moral.

Ciertamente las líneas mayoritarias ya prepararon el terreno para evitar las elecciones democráticas y a pesar de sus rimbombantes discursos a favor de la participación la verdad es que se niegan a que sean los afiliados los que elijan los candidatos partidarios.

A los reclamos mediáticos de los dirigentes que representan a los sectores disidentes, el oficialismo partidario les reclama a su vez que esos pedidos no se formalizan puertas adentro, por las vías institucionales.

Pero a estas alturas no resiste el menor análisis semejante falacia. La UCR en este caso, y todas las fuerzas políticas deben organizarse por la vía democrática, sino pesa el criterio del mandamás de turno. En este caso del radicalismo, pierden los afiliados radicales que no se someten al criterio castillista o brizuelista, pero pierde también la sociedad en conjunto que se pierde la posibilidad del surgimiento de dirigentes potencialmente importantes.

A pesar de lo traumático que resultaron los años ’90 para el peronismo catamarqueños, los criticados líderes de esos entonces, Saadi y Barrionuevo, estos nunca se negaron a la via democrática. Posición distinta esta de Castillo y Brizuela del Moral que como decía uno de los últimos dictadores militares, se regodean con que las urnas estén bien guardadas.

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