Lo de los ascensos, o al menos de un subsecretario es el caso del Ing. Eduardo Lorenzo Toledo, quien tal vez con el rango de secretario de Estado -aunque siga siendo una subsecretaría-, deberá hacerse cargo del área de Agricultura y Ganadería, como hasta hoy, sumándole la complejidad del sector Agroindustrial. Esto ya fue anunciado por la gobernadora, Dra. Lucía Corpacci, al presentar el viernes pasado el Plan Ganadero de la provincia, destacando el desafío que implica “desarrollar la producción desde el ámbito agropecuario”. En la ocasión, el ministro de Producción, Ángel Mercado, tuvo conceptos laudatorios hacia Toledo, describiendo que “tiene en su cabeza dónde se ubica y que necesita cada productor de la provincia”.
El enroque más notorio sería el regreso del actual ministro de Gobierno, Francisco Gordillo, a su poltrona de intendente de Pomán, para la que fue re-re-re elegido en los pasados comicios, aprovechando desinteligencias en el Concejo Deliberante de las “tierras del puma”, cuyo titular lo está sucediendo en la jefatura del municipio. Además, una salida elegante para uno de los ministros más desgastados, ya sea por el controvertido proyecto de Ley de Seguridad, la inseguridad que padece la provincia en sí y el reciente “narcogate” de Santa Cruz, con aristas aún no debidamente esclarecidas (entre otras un prófugo, defendido por su reciente asesor, el Dr. Luciano Rojas), que lo salpican de adentro y de afuera.
El dilema de la gobernadora es el reemplazante. Los legalistas puros se inclinan por el ingreso de Dr. Guillermo Rosales, ex Asesor de Gobierno en la provincia y ex diplomático durante los días “dorados” del “sadismo” y el “menemismo”, y esencialmente un abogado peronista con facilidad de diálogo y contactos hacia el Poder Judicial y la oposición política. La otra posibilidad es la del actual Secretario del Ambiente, Daniel Barros, facililitador de la llegada de Lucía a la presidencia del PJ y uno de los armadores del proceso electoral tan exitosamente concluido el 13 de marzo de 2011.
La cartera de Educación también cambiaría de ministro, desplazándose a María Julia Acosta a tareas menos álgidas, para ubicar allí a un profesional del sector, más técnico que político, pero que interprete acabadamente el siempre arduo diálogo con los sindicalistas docentes. Esta área de la administración provincial sufriría además la separación de la actual Subsecretaría de Cultura, que -con la misma estructura, aunque con distintos nombres- pasaría a formar parte del nuevo “súper ministerio”, que no sería otro que el de Deportes, Cultura y Turismo, a cargo del actual secretario Maximiliano Brumec. “Uds. tienen un secretario de lujo”, repite Lucía cuando le llegan noticias y hasta inquietudes sobree Deportes, dando por entendido que “Maxi lo resuelve…”.
Sin embargo, la gobernadora deberá evaluar los destinos para Patricia Saseta (Cultura) y Natalia Ponferrada (Turismo), dos mujeres de su confianza que Brumec no tendría en sus planes, porque según condicionó “prefiero contar con un equipo propio, para el cual tengo mi gente”, según anticipó el día que le ofrecieron ampliar sus obligaciones y funciones.
El ministerio de Hacienda, sólido con la tarea de notorio perfil bajo de Ricardo Aredes; el de Obras Públicas, afianzado con Rubén Dusso, salvo la mala pasada que le jugó su salud; el de Desarrollo Social, relanzado con algunos cambios internos dispuestos por el propio Oscar Pfeiffer; y el de Servicios Públicos, recientemente otorgado a Luis Romero tras la estrepitosa partida de Julio Molina, no sufrirían modificaciones. Mientras, existen interrogantes y serias dudas sobre Salud.
El 17D está a la vuelta de la esquina, sólo resta esperar para saber si Lucía recibirá la Navidad con el regalo de un remozado gabinete.