Los reclamos, si bien se orientan mayoritariamente hacia la gobernadora Lucía Corpacci, no dejan fuera de las demandas a las “cabezas” de otras instancias institucionales como la Municipalidad de la Capital a cargo de Raúl Jalil, los titulares de los distintos ministerios, y los jefes del Poder Legislativo, Dalmacio Mera en Senadores y Néstor Tomassi en Diputados. Tampoco excluyen como responsables del “abandono a la militancia” a los líderes de ambas bancadas peronistas en el ámbito parlamentario, Daniel Saadi en el Senado y Roberto Perrota en la Cámara de Diputados.
“Parece que la única prioridad, al margen de ratificar y mantener a varios funcionarios radicales en diferentes cargos, son los hijos y los amigos de los hijos de los funcionarios o los legisladores para ocupar los nuevos nombramientos”, apuntan los enojados reclamantes, precisando que “hay senadores, diputados y ministros a quienes ya no les quedan familiares por nombrar”.
“Mientras, cualquier compañero de más de 50 años, muchos de ellos despedidos desde la época de la Intervención Federal hace más de 20 años, parece que fuera un leproso porque ni siquiera lo dejan acercarse para plantear un pedido de trabajo”, se quejan, añadiendo también que “otras condiciones ‘bien vistas’ por el kirchnerismo para formar parte del gobierno son las de ser una agraciada o un agraciado Sub30, tener caballos peruanos o pertenecer al ‘PP’ (peronismo paquete o pituco) con casas en El Rodeo o Las Juntas”.
En medio de este cada vez más generalizado descontento de las otroras orgullosas “bases peronistas”, entre los que no se diferencian saadistas, barrionuevistas, orgánicos “del partido” sin referencias en ningún liderazgo en particular, y hasta frustrados kirchneristas de los últimos días, surgen todavía como únicas posibilidades de contención la imagen y “la palabra (sobre todo) de Lucía (Corpacci)”, aducen, “porque la gobernadora nos pidió que ‘aguantemos’ hasta marzo; pero no pasará de ahí”.
Los peronistas molestos se van organizando y por estos días analizan la oportunidad y modalidad de una queja pública que se haga sentir, pero que a la vez no sea mal interpretada. “Los ánimos están caldeados desde hace rato, pero para mostrar que nosotros también aspiramos al éxito de este gobierno, que es nuestro porque lo buscamos desde hace 20 años, no queremos aparecer mezclados con las protestas de estos días por la minería, ni nada que desvirtúe la legitimidad de nuestro reclamo”, afirman los grupos fastidiados, ventilando las alternativas de “una convocatoria frente a la sede del partido (Justicialista, en la Av. Güemes) o en la Casa de Gobierno”.
A todo esto, desde el gobierno ya se ha tomado nota de este malestar entre la militancia justicialista de todos “los colores” y al respecto, en particular desde la postura algunos “históricos” reciclados, en silencio se van diseñando estrategias “para evitar un ‘desmadre’, que en marzo nos meta en una dura encrucijada de protestas” –admiten-, como podrían producirse desde la docencia en el inicio de un nuevo ciclo escolar y los demás gremios estatales, atados salarialmente al acuerdo de aumento que logren los maestros.
Un horizonte ciertamente complejo para el Gobierno catamarqueño, con los efluvios mineros en plena evolución y focos de reproches cerca de activarse, que exigirán una acertada observación y una más adecuada respuesta para que no desemboquen en carriles de difícil transitabilidad, a apenas tres meses de empezar a andar.