La herencia de veinte años de FCS no podría ser peor. La deuda pública provincial pasó de 48,5 a más de 1.300 millones de pesos; los servicios públicos de electricidad y aguas están colapsados, luego de que las empresas fueran privatizadas, vaciadas y reestatizadas a un costo millonario; SOMICA podría competir por titulo de vergüenza nacional, es la única empresa minera que no compite con nadie y aun así nunca dio un peso ganancia alguna; las exportaciones de nuestra provincia, aunque crecieron exponencialmente en los últimos años, siguen siendo en su mayoría de productos primarios, con cero valor agregado. Las estructuras educativas y sanitarias se han degradado profundamente.
En nuestra sociedad, la mayoría de la población es pobre; más de la mitad de nuestra niñez vive por debajo de la línea de la pobreza, come, se educa y se cura mal, y muchos de ellos viven, o mejor dicho sobreviven, colgados de un subsidio estatal. La mayoría de las administraciones municipales están quebradas o seriamente deterioradas. La corrupción se ha generalizado y potenciado no solo a nivel del Estado, sino en lo más diversos aspectos de la vida social. La violencia ha crecido exponencialmente en cantidad de delitos y en gravedad, llegando a alterar los hábitos de una población que hasta hace pocos años se jactaba de ser la residencia de la simpatía.
Frente eso aparece una sola solución posible, redefinir sus funciones del Estado y rehacer todo de nuevo. Sin embargo, en las primeras semanas de gestión del nuevo gobierno, es poco y nada lo que se mostró como cambio. Lucia Corpacci, como antes el mediocre Eduardo Brizuela del Moral, no demuestra la capacidad suficiente para hacer un Estado con capacidad de intervención positiva. Algunos, los más benévolos, aseguran que el nuevo gobierno “no arranca”, esperanzados tal vez en un arranque futuro. Otros, más crudamente, señalan “son más de los mismo”.
Empacada con el gobierno, desde la dirigencia peronista se asegura que el kirchnerismo tiene mucho de club, que está integrado por personas que dicen compartir visiones, decisiones, frases y hasta recuerdos comunes, pero no un proyecto. Si puede reclamarse al nuevo gobierno, ya en los primeros dos meses de gestión, que subordine la preocupación por hacer un kirchnerismo exitoso por la ineludible misión de reconstruir a Catamarca.