domingo, 26 de febrero de 2012
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De ello parecen no haber tomado debida nota dos encumbrados funcionarios del actual gobierno provincial del FPV-PJ, como son el secretario de la Vivienda y Urbanismo, Octavio Gutiérrez, y el subsecretario de Asuntos Municipales, Daniel Lavatelli, que en los últimos días han sido protagonistas de sendos grotescos actos, merecedores del sermón acuñado por el “maestro inmortal” y más tarde muchas veces aplicado por “el general”.
La ridiculez de Gutiérrez, casi un despropósito en un político de su trayectoria - trajinando desde 1983 las más diversas funciones gubernamentales, sean estas en el oficialismo o desde la oposición-,fue la de aparecer repartiendo dinero en efectivo entre un grupo de manifestantes que reclamaban planes de empleo frente al Palacio Municipal capitalino, en las adyacencias de la plaza “25 de Agosto”.
El gesto, sin justificación alguna, excepto el de descomprimir el mal momento que Gutiérrez estaba pasando junto al intendente Raúl Jalil, a quien había ido a visitar por cuestiones inherentes a su cargo, fue registrado por las cámaras de un canal de televisión, con lo cual resultaban infructuosas las explicaciones que pudiera brindar como
fundamento argumental de su “dadivosa” actitud.
Lo de Lavatelli fue tal vez un pecado de juventud, inaceptable de todos modos en un funcionario público, que no supo diferenciar la utilización de las redes sociales para los encuentros románticos y también las disputas intelectuales entre adolescentes, de la responsabilidad con que se debe manejar un hombre encargado de cuestiones de Estado. Y más grave aún involucrar a su propia familia “entregando un diezmo” para acceder a trabajos de imprenta y/o
publicidad durante la pasada gestión del radicalismo.
La presentación hecha en la Cámara de Diputados exigiendo la renuncia de Lavatelli, seguramente no pasará del oportunismo agazapado de algunos diputados radicales que, seriamente, tampoco deben tener las más mínimas intenciones de que su pedido de investigación por supuesto cohecho prospere, porque sería como “escupir para arriba”. La cuestión fue dejar en evidencia la falta de cintura política e inmadurez del novel subsecretario, a quien tampoco le bastarán las explicaciones del “ataque de un hacker” que le cambió las palabras utilizadas en su
cuenta de “face”.
Tampoco serán apartados del gobierno ni Gutiérrez, ni Lavatelli, quienes de diferentes maneras ya tuvieron sus reprimendas oficiosas –nada indirectas, ni por lo bajo-, reiterandoles más o menos los términos de la frase de Sarmiento, tantas veces utilizadas por Perón, advirtiéndoles que “del ridículo no se vuelve”.