UCR: “Un tropezón cualquiera da en la vida…”

Si en los ámbitos de la Unión Cívica Radical no pasa nada raro, el venidero 31 de Marzo tendrá lugar el Congreso partidario oportunamente convocado.
lunes, 19 de marzo de 2012 00:00
lunes, 19 de marzo de 2012 00:00

Será –queremos creer--, el ámbito adecuado para el cambio de ideas, la autocrítica, la repartija de culpas y un ocasional reordenamiento más o menos amplio del partido.

Este Congreso tendrá lugar cuando el partido atraviesa una crisis que algunos consideran como “la más profunda de toda la historia del radicalismo catamarqueño”.

No somos analistas políticos sino simples “mirones” del entorno en el cual vivimos y es por eso que no estamos en condiciones de evaluar la profundidad o amplitud de la crisis que afectaría al centenario partido.

Hay quienes cargan las tintas, como queriendo agravar el cuadro, revoleando la noticia según la cual 1.510 afiliados habrían pedido ser eliminados de los registros partidarios, algo que no es para nada novedoso.

En política se ganan y se pierden elecciones y siempre ocurrió lo mismo: cuando un partido gana y llega al poder, montones de hombres y mujeres se afilian al partido ganador y cuando ese partido pierde ocurre todo lo contrario.

En el caso del Frente Cívico y Social se soslayó siempre que era una cáscara que recubría un radicalismo un tanto devaluado pero que había mostrado suficiente habilidad para mantenerse por casi veinte años en el poder.

Tal vez esa circunstancia los llevó a suponer que “tenían la vaca atada” y nadie nunca los iba a bajar del gobierno, especialmente mientas el peronismo siguiera dividido.

Pero se dieron las circunstancias, según parece, en las cuales  el FCyS o sea la UCR “bajó la guardia”, los peronistas se juntaron y el 13 de Marzo  pasado le pasaron por arriba al partido gobernante.

A partir de allí en la UCR se instaló un clima un tanto caótico donde todo el mundo le esquivaba el bulto en lo tocante a asumir responsabilidades por la derrota sufrida. Buscaron infructuosamente a “Los Mariscales de la derrota” como suelen decir los especialistas en estas cosas. Parece que nadie tenía la culpa del desastre y surgió eso de “la crisis”.

No faltan los que verían con agrado la desaparición del radicalismo de la vida política catamarqueña, algo que sería tan lamentable como la desaparición del PJ, del PO o de cualquier partido político dado que son los que sostienen un sistema democrático y dentro de lo posible que exista la alternancia en el ejercicio del poder.

La derrota del radicalismo podría servir para una renovación total del partido. Una inyección de sangre nueva, nada que suponga la desaparición de los “boina blanca”, asumir la derrota como un desafío que apunte a tiempos nuevos trabajando por Catamarca.

Y cuando hablen de crisis, rebobinen hasta el 6 de Setiembre de 1930 cuando el general José Félix Uriburu (Al servicio de la Dutch Royal Oil Company) procedió a derrocar al Presidente Hipólito Yrigoyen por lo cual fue retribuido con 250 mil dólares en Acciones de la Standard Oil, actual Esso S.A.P.A.

En ese momento pareció que la UCR había sido mortalmente herida y que nunca más volvería a participar de la vida política argentina. Hubo desafiliaciones masivas y comentarios periodísticos que lo justificaban.

Pero en 1935 hubo elecciones para gobernador en la provincia de Buenos Aires y la UCR se impuso con cierta comodidad.

Por cierto, desde el gobierno nacional anularon los comicios.

¿Qué había pasado? Cuando lo derrocaron a Yrigoyen y todo pareció derrumbarse, el Dr. Honorio Pueyrredón asumió la conducción del partido y encaró una reorganización que demostró que la UCR no había muerto ni mucho menos y por si quedaban dudas, un año después, en 1936, Amadeo Sabattini ganaba en Córdoba, triunfo que repetiría la UCR en 1940.

Y un párrafo para Amado David “Coco” Quintar a quien tildaron de “romántico de la UCR”.

Se supone que nos acercamos a un partido político movidos por un sentimiento altruista, porque pensamos que podemos ser útiles a la sociedad a la cual pertenecemos o porque nos consideramos capacitados para desempeñar cargos electivos, por no citar otros motivos entre los cuales no existe un crudo materialismo o la búsqueda de un puesto en la administración pública como finalidad de nuestra afiliación.

Según parece, a eso le llaman “romanticismo”. De ser así, bienvenidos los “románticos” de cualquier color que sean. Pensamos que son los capacitados para adecentar la política, otorgarle un sentido ético  a la militancia y demostrar que, como expresa el título de estas líneas, “Un tropezón cualquiera da en la vida…”

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