Los días cambiaron y nada queda de aquel brizuelismo bien pobre al que se le cedió la principal candidatura para que pierda en el 2003, con tanta mala suerte que terminó ganando producto de la suerte fortuna de ese hombre tan simple. Claro, no es un regreso con gloria, pero el castillismo vuelve. O al menos se está rearmando. Aparece como un reacomodamiento político dentro del radicalismo, pero ciertamente es peligroso para cualquier catamarqueño de a pie.
Se los pudo ver juntos el sábado. Primero en el predio de los Bioquímicos y luego en el bar de frente a la UNCA. Todos juntos, como pretendiendo volver, como si nada hubiera pasado desde 1991 a esta parte.
Allí los convocó el ex gobernador Castillo, con la escusa de preparar al sector celeste para participar en la elección de autoridades partidarias del radicalismo. Por cortesía, porque no existe nadie que no lo quiera, el hombre pronuncio un vehemente discurso a favor de la unidad del partido para iniciar la reconstrucción. Grave.