El ADN de Víctor Manuel Monti demuestra claramente lo que es. Y ciertamente no hay quienes se atrevan a desmentir a la ciencia, las pruebas de ADN se han transformado en jueces implacables de lo que es y no es. Monti Herrera pertenece a una familia tradicional, ligada al poder de esas familias, que oh casualidad coincide con las dictaduras derivadas de golpes de estado y otras truculencias.
Con esos antecedentes es fácil comprender como fue que durante la última dictadura militar, Monti, se desempeñara durante los "años de plomo" como magistrado en el fuero penal, donde justamente se tramitaban varias causas de personas que eran perseguidas por sus inclinaciones políticas.
Su vinculación a la sanguinaria dictadura que en nuestra provincia tuvo en él y otros notables a fieles defensores, le valió que cuando su pliego para ser juez federal fue enviado a la Comisión de Acuerdos del Senado de la Nación la decisión fue severamente cuestionada por parte de organismos defensores de los Derechos Humanos y hasta de la misma Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, a cargo del recientemente fallecido Luis Eduardo Duhalde, que recordaron que durante la última dictadura militar el postulante se desempeñó como juez civil y penal en la justicia provincial.
Las vueltas de la vida hacen que Monti, otrora brazo judicial de los Rauzzino, los Barcena, los Lucena y los Castillo, tenga que ejercer el rol de fiscal en el juicio a estos represores por delitos de lesa humanidad durante la dictadura en Catamarca.
Cuesta creer en su buen desempeño; o tal vez no equivoquemos.