La expropiación de YPF es el primer gran paso para recuperar la esperanza de iniciar una nueva etapa en la República, más participativa e integradora de la Nación a través de la actuación activa y comprometida de las provincias, capaz de superar los resabios del neoliberalismo heredados de la nefasta década los ’90 de los Menem y los Cavallo, a quienes desde Catamarca nos opusimos en sus albores, desde cuando dieron las primeras muestras de sus proyectos “vende patria” y de pérdida de conquistas para la clase trabajadora. Recuperar el autoabastecimiento de combustibles, ampliar el horizonte de reservas y producción para nuestros Yacimientos Petrolíferos Fiscales, y definir nuevas metas en materias de inversión en el sector, tal vez, más estratégico de la economía nacional, es un salto gigantesco a la consolidación de nuestra soberanía como país, al que debemos encaminar definitivamente hacia el destino económica libre y de justicia social con los más necesitados que aspiraban nuestros originarios conductores, los inmortales Evita y Juan Domingo Perón.
Pero estamos aludiendo de un solo aspecto, en el cual no nos podemos detener, ni “dormirnos en los laureles” como si hubiéramos alcanzado la victoria final. Este proceso, que se inició con la instauración de un modelo popular y de inclusión social, dio muestras de sus responsabilidades y obligaciones hacia los que menos tienen, recuperando anteriormente los fondos que estaban en poder de las AFJP, del claudicante proyecto “menemista”, para que el Estado Nacional los destine indubitablemente en favor de sus legítimos dueños, los jubilados y toda nuestra clase pasiva.
En nuestra provincia, aquel lamentable proceso “neoliberal”, que aquí tenía a sus “mejores alumnos” en el radical Arnoldo Castillo y sus personeros del Frente Cívico y Social, nos dejó sin el Banco, sin el IPPS (Caja de Jubilaciones), sin la DECA, y sin Obras Sanitarias Catamarca. Felizmente, hoy podemos decir que con la llegada de otro gobierno peronista, como el que encabeza la compañera gobernadora, Dra. Lucía Corpacci, se están asumiendo las mismas conductas y la distribución de la energía eléctrica ha vuelto a ponerse en manos de una empresa estatal catamarqueña, incluso con participación accionaria y conductiva de los trabajadores de la actividad.
Ese es el modelo que debemos ahondar, y la misma medida que se adoptó con YPF, como también antes con Aerolíneas Argentinas, se debe trasladar a la generación y el transporte energético nacional en todas sus instancias, al transporte ferroviario actualmente en manos privadas y escandalosamente manchado hasta con las peores tragedias y pérdidas de vidas humanas.
Los argentinos debemos volver a contar con nuestra gran empresa de telecomunicaciones, los teléfonos públicos, las comunicaciones en general, deben estar en manos nacionales, para que brinden un mejor servicio y se les puedan exigir cuentas claras sin que se lleven las ganancias al exterior.
La TV Pública, que hoy nos brinda los “Deportes para todos”, o la TDA (Televisión Digital) gratuita que nos mantendrá insertados en el mundo de la información sin la necesidad de facilitarle “el negocio” a unos muy pocos “particularmente vivos”, son los mejores ejemplos de que el Estado, con su gente y honestamente, puede hacer bien las cosas.
Estamos convencidos de que las consecuencias de esta decisión con relación a YPF van a ser absolutamente favorables para el desarrollo futuro del país, y que van a ser usufructuadas por las futuras generaciones de argentinos; pero igualmente creemos que se deben implementar y profundizar en todos los aspectos de la vida nacional considerados vitales y estratégicos, para convertirnos en esa gran Patria, justa, libre y soberana a la que todos, y especialmente los trabajadores, aspiramos.
Enviado por: pedro armando carrizo