Mencionan con cierta insistencia el mal estado de las calles, el abandono y falta de mantenimiento de los lugares públicos, como la Plaza 9 de Julio, los monumentos y fuentes, poniendo especial énfasis en el estado de decadencia en que se encuentra la Nueva Terminal de ómnibus que parece una estructura abandonada a su suerte sin que desde el municipio se le realice el mantenimiento correspondiente, como en el caso específico de las luminarias que rodean iluminando (O iluminaban) el predio, apagados, quemados, depredados desde hace al menos un par de años, desde cuando Perea gobernaba la ciudad.
El realidad, lo que a la gente le preocupa es la tristísima imagen que brinda Andalgalá, a las muchas personas que diariamente descienden de los colectivos de larga distancia, como la viva muestra de la decadencia social e institucional.
Otro de los temas que genera disconformidad es el del templo parroquial que permanece cerrado y en ruinas hace ya un largo tiempo sin que nadie brinde una explicación, al menos por respeto, a la feligresía católica que entiende que entre el Intendente Páez y el Párroco Rasgido hay una especie de enfrentamiento y el templo en el medio. En realidad, la gente lo que pide es sólo un poco de respeto personal, ciudadano y comunitario.
Al final de cada disquisición, los comentaristas terminan diciendo “yo no lo voté porque es un incapaz”, sin acordarse de que a Páez lo votaron más de 2000 personas, es decir la mayoría. La misma mayoría que hoy se rasga las vestiduras y asegura no haberlo votado.