Cuando la Junta Electoral de la UCR provincial, que resolvía a libro cerrado lo que se determinaban Eduardo Brizuela del Moral y Oscar Castillo, decreto impedir que los afiliados partidarios elijan a las nuevas autoridades, habilitó también la sangría de dirigentes de toda la provincia, que sin posibilidades por dentro del sello, lo buscaran por afuera.
Todo comenzó cuando Celestes, renovadores, jalilistas y acuñistas elevaron el mínimo de condiciones para que los sectores disidentes al oficialismo puedan participar del proceso electoral que en principio concluiría el 10 de junio. Aun así, los sectores disidentes alcanzaron a cumplimentar en tiempo y forma los requisitos exigidos (formar lista en todos los departamentos, una extravagancia en materia electoral, ya que todo partido político solo exige la presentación de candidatos en algunos pocos departamentos).
Son los mismos sectores que en el 2011 despojaron al intendente de Andalgalá, Alejandro Páez, de la candidatura, obligándolo prácticamente a ir por fuera de la UCR. Esa cuestión ahora le traba la posibilidad de participar por la presidencia de la fuerza. Pero lo más grave es que su caso sirve de muestra en lo que podrían incurrir muchos otros dirigentes que sin posibilidad tengan que optar por esa posibilidad electoral.
Lo hace unos días el dirigente Luis Olmedo Vergara, que encabezaba la lista de los convencionales de la lista de los sectores disidentes, quien dijo que no es descabellado que otros radicales, en el futuro, como antes lo hizo Alejandro Páez, porque no lo dejaron participar, como ahora, tengan que buscar posibilidades electorales por fuera del sello partidario. Grave para el futuro de la UCR.