Podría haberse tratado de una bravuconada, tan común en la política. Tal vez una idea que, bien analizada, era una tontería, O tal vez nada de eso. Tal vez fue el temor al resultado que tuvo la similar intentona saadista en la década del ’90 (el oficialismo radical de aquella época terminó comprando a los legisladores peronistas para que dieran en quórum; hoy sobran brazos radicales en la Legislatura dispuestos a colaborar con Lucia Corpacci), hizo recapacitar a los cabecillas del emprendimiento.
Lo cierto es que si de verdad había un malestar con el kirchnerismo de la Cámara de Diputados, por las trabas que le ponen a Arturo Aguirre para que asuma, o por la forma en que se repartieron las comisiones, la bronca no era tanta. Así debe entenderse la asistencia de los diputados y los senadores del FCS a la Asamblea de ayer.
La semana pasada, diputados y senadores radicales se dedicaron a vociferar que había un malestar y que este malestar tendría la peor resolución, y recordaban que podían hacer fracasar la Asamblea al no garantizar el quórum de una de las cámaras, que dominan ampliamente, la de senadores.
Por suerte nada ocurrió. O alguien garantizó el ingreso sin más de Arturo Aguirre, cuestión que conviene poner en duda, o se acordó una nueva integración de las comisiones, algo imposible a estas alturas del año legislativo. Lo más seguro es que llegado el momento hubieran sido varios los legisladores frentistas, no solo Raúl Guzmán y Jorge Bonaterra, los que concurrirían presurosos en auxilio del kirchnerismo, sobre todo en el senado claro.