El sultán Quintar furioso porque le patearon la tranquera

El “Coco” Quintar está furioso con Maximiliano Brumec porque equipó con todo a los clubes de Fiambalá, pero sin pedirle permiso. Envuelto en celos, desparramó en radios locales y en su diario digital que la secretaría de Deportes no llevó premios para los clubes, como queriendo restar méritos al accionar del organismo provincial.
miércoles, 23 de mayo de 2012 00:00
miércoles, 23 de mayo de 2012 00:00

Maximiliano Brumec, el secretario de Deportes de Lucia Corpacci, como viene haciendo en toda la provincia, se fue a Fiambalá cargado con equipos de camisetas completos, pelotas, redes, trofeos y hasta con subsidios para pagar honorarios a árbitros de los torneos anuales; lo que se dice de todo y para todos los clubes de esa localidad tinogasteña. Pero cometió un error (¡grave!): no lo consultó a Amado David Quintar, el sultán del pueblo.

Quintar subsiste políticamente montado en el partido de gobierno (es decir siempre es oficialista); una triquiñuela que le sirvió siempre para aprovecharse políticamente de la pobreza estructural de muchos fiambalenses; lo de “Coco” Quintar es la más acabada expresión de la crisis terminal de la magra política local; peor todavía, que mientras se mantengan intactas las prácticas en las que es ducho, es imposible cualquier construcción política desde la sociedad civil.

Al pintoresco “Coco”, último enclave del radicalismo que gobierna, que burlonamente lo eligió para que figure como jefe partidario, se le voló el techo el 13 de marzo del 2011, por eso ve en cualquiera que pise Fiambalá con un interés legitimo, noble, como a un enemigo que busca desmovilizar sus bases de sustentación.

Quintar y todos los bribones como él, ven en Brumec,o cualquier otro que haga algo por la gente más necesitada, a un enemigo, y como tal, le declaran la guerra; y los atacan por El Abaucan, la página web que controla con fondos públicos, o por donde sea. Es que claro, a pesar de que sus re-re-reelecciones nada hacen para remediar la pobreza estructural de la gente de Fiambalá, sirven por lo menos para asegurarle a él y su hijo una buena vida, y les garantiza una muy buena vida por muchos años más.

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