Hace un par de años ya que Hugo Mott da vueltas por todas las líneas internas del peronismo con la vista fija en una candidatura a algo, a lo que sea. Esas ansias, parece, le vienen como anillo al dedo a Oscar Castillo para renovar ese entente llamado frente cívico, que tan buenos resultados le dio a él y unos cuantos amigos los últimos 20 años.
Mott no es pretencioso; desde que dejó de ser gobernador de la provincia en 1976, fue precandidato a diputado provincial, senador nacional y diputado nacional; Con Ramón Saadi a veces, con Luis Barrionuevo otras, si hasta termino con Hugo Melo, pero nunca fue más que empleado raso en la Casa de Catamarca en Buenos Aires en los ‘80, e interventor de la Municipalidad de la Capital en tiempos de la ultima Intervención Federal.
Sin suerte Mott, parece, que ahora cayó en las garras de un verdadero encantador de serpientes, Oscar Castillo, con quien mantuvo un encuentro de varias horas. No trascendió mayores detalles del mismo, si el poco original “análisis de la situación provincial”, donde oh sorpresa, encontraron puntos coincidentes.
Castillo no encuentra apoyos electorales dentro del radicalismo catamarqueño, por lo que para aspirar a su reelección necesita una base electoral importante, que bien puede cimentarse con votos peronistas, que cree, le puede aportar Mott. A cambio, tal vez Mott termine siendo candidato a algo.
De confirmarse esta alianza electoral, puede tratarse de un nuevo caso de esa afección psicológico que sufren las victimas a favor de sus victimarios. Se trata de lo que se conoce como síndrome de Estocolmo. Recuérdese que Mott debió abandonar el cargo de gobernador de la provincia que le obsequió el extinto Vicente Saadi, por el golpe de estado que en Catamarca estuvo representado por el castillismo que ahora parece querer sumarlo a sus filas.