El domingo pasado, la menor, de aproximadamente unos 12 años de edad, jugaba junto a otros niños en las márgenes del río Abaucán, en las cercanías del Bº Progreso, en Tinogasta, cuando fue arrastrada por la crecida de las aguas.
De inmediato, un circunstancial testigo, Ariel Alberto Espinoza (foto), un joven de 31 años de edad, se metió al agua para rescatar a la joven que en principio no sufrió mayores complicaciones, pero que luego debió ser internada y trasladada a esta Capital.
“Dios me puso en su camino”: con estas palabras Ariel Alberto Espinoza, definió el afortunado rescate de la pequeña tinogasteña. Espinoza es el joven de 31 años de edad, que en la tarde del domingo último, 13 de enero, mientras se encontraba en horas de la siesta a la orilla del Río Abaucán, sobre ruta Nº 40, observó que un grupo de chicos gritaba y al acercarse se dio con una niña en medio del río a punto de ahogarse.
Rápidamente se dispuso a dejar a sus hijos en el auto en el que se trasladaba, pidiéndoles que lo esperaran y sin dudarlo se introdujo en la fuerte crecida del río Abaucán, donde alcanzó a ver parte de una pierna de la nena y con sus manos intentó tomarla pero la fuerza del agua no le permitió.
“Me asusté un poco y me desesperaba al no poder tomarla, ya que por momentos aparecía un brazo y parte de la cabeza, pero no podía tomarla con seguridad y la fuerza de la creciente que iba aumentando me vencía y a ella la hundía, y por unos minutos desapareció; metía mis brazos hacia abajo y no podía encontrarla”, relató dramáticamente al diario Voces Escritas.
La nena, de aproximadamente 12 años de edad, se había dirigido con sus hermanitos y amiguitos desde el Bº Progreso, en horas de la siesta, hasta ese sector del río que dista a unos 300 metros aproximadamente de la Central Eléctrica de Tinogasta y de la avenida del tránsito pesado. En tanto que la presencia de Espinoza fue casual, ya que había llegado para ver el cauce de la creciente, porque debía trasladarse junto a su familia a la Localidad de Anillaco.
“Cuando la saqué a la chiquita, sus ojos estaban casi en blanco, desvanecida y le apreté fuerte la pancita, entonces comenzó a tirar mucha agua por la boca, la acosté y apreté su pecho, tiraba agua con barro, me puse mal al ver que no reaccionaba, hasta que por fin suspiró fuerte y sus ojos volvieron a la normalidad”, describió Espinoza.
Horas después la nena se descompuso en su domicilio, por lo que fue internada en el Hospital Zonal y, por complicaciones posteriores en sus pulmones, debió ser derivada a Catamarca, desde dionde anoche sus familiares anoche confirmaron, por fortuna, su recuperación.
Ariel Alberto Espinoza, el rescatista se quedó tranquilo tras averiguar el domicilio de la niña y luego al hacerse presente en el hospital local donde se encontró con Nardo Córdoba, el padre de la menorrescatada, quién lo abrazó entre llantos y le agradeció porl haber salvado a su pequeña hija.
“Solo sé que Dios me puso en su camino”, sigue repitiendo Espinoza, el joven héroe de esta historia, justamente en un día de número tan particular, el “13”, de muchas supersticiones, pero que para la familia Córdoba del Bº Progreso y Alberto, este humilde changarín salvador de la pequeña, no olvidarán jamás.
Foto, gentileza de Voces Escritas de Tinogasta.