El Gobierno provincial, más allá del internismo y al anti-peronismo en el que se empeña eso que ahora se reconoce como el “corpaccismo bobo”, conserva un liderazgo que goza de un apoyo socialmente alto, mas una base votos propios que le permiten afrontar cualquier elección.
Si a eso se le suma que la oposición no tiene mucho espacio para disputar poder real por el estigma que soporta consecuencia del 20 años en el poder, el panorama para el kirchnerismo local, aunque sea en octubre la elección, no parece complicado.
Como sea, con inteligencia, porque nunca conviene confiarse en los malos momentos de los adversarios, algunos despachos de Casa de Gobierno ya reciben a representantes de dirigentes díscolos de la Unión Cívica Radical.
Es fácil imaginar de que se habla en esos encuentros: apoyo para la interna, si se hace, o apoyo para llevar la interna a la general. Todo muy conveniente para el oficialismo. (Seria por demás hipócrita el castillismo y el brizuelismo protestar por estas jugarretas cuando fueron ellos los que en los últimos 20 años jugaron en la interna justicialista, financiando a quien estuviera dispuesto a dividir).
Pero el radicalismo local tiene todavía que resolver o darle forma a su interna, si será formal, democrática, o si Brizuela del Moral y Castillo prefieren el formato en el que siempre ganan, el de las mesas chicas donde se arregla todo.
Seguramente las minorías internas sospechan cuál será la preferencia de los popes radicales, por eso todas ya gestionan encuentros reservados en Casa de Gobierno.