Como no podía ser de otra manera, el jefe comunal tiene unos cuantos serviles cuya misión específica es la de delatar a sus compañeros de trabajo y de hacer un estricto seguimiento a los sospechosos, llegando a los límites mismo de lo privado, a fin de llevar a su jefe, la información pormenorizada de lo que hacen o dejan de hacer algunos trabajadores que cobran una “beca” de mil pesos para no hacer nada.
En ese contexto, el temor se ha generalizado y los pobres obreros no se animan ni a levantar la
voz, porque por otro lado, temen las reacciones irascibles de Páez que en estos últimos días parecen ser consecuencia de su marcada bipolaridad disfrazada de ficticia “humildad”. La misma que podría tener el insoportable Ricardo Fort.
Relataron los anónimos denunciantes, que a pesar de la vigilancia y las veladas amenazas, se las ingenian para tramitar una casa, un subsidio o cualquier otro beneficio del gobierno provincial. Nos comentaron también que Páez cuenta con sus votos, pero que ellos saben muy bien qué es lo que deben votar.