El hecho no habría pasado desapercibido si no fuera porque desde que asumió la conducción del municipio, en diciembre de 2012, nunca más se lo volvió a ver porque adoptó como “modus operandi”, la metodología de encerrarse en el despacho, a tener reuniones privadas –algunas muy sospechosas- y a manejar desde el sillón de Lafone Quevedo, los asuntos de esta ciudad tan complicada, dejando que a la gente que se agolpa diariamente, la atiendan unos secretarios maleducados, agresivos e indiferentes para con las necesidades de esas pobres personas que por mandato del destino cruel, necesitan del intendente.
Por supuesto que su presencia en una de las esquinas céntricas, no pasó desapercibida para los transeúntes que ocasionalmente pasaban por ahí, quienes por supuesto dedujeron que “apareció porque está en campaña, y es raro que no ande con Cativa, que parece su sombra…”, tales las expresiones coincidentes de la gente.
Efectivamente no vimos al presidente del Concejo Deliberante mientras el jefe comunal miraba a los alrededores como queriendo reconocer el escenario de su antigua vida, con el agravante de que interiormente sabe –porque así lo expresaron of the récord, algunos de sus íntimos-, que el resultado de la elección del domingo 27 está cantado y su esquema, no será el mejor favorecido por la voluntad popular que le hará pagar, los desplantes, la histeria, el malhumor y toda la ambigüedad de su criterio para gobernar y hacer política.
De cualquier modo, ver a Páez en la calle, se ha convertido en una novedad que los andalgalenses no desaprovecharon para murmurar a más no poder, seguramente pensando que acaso la próxima vez que se lo vea, será en 2015, en vísperas de una nueva elección.