Al ex ministro Oscar Pfeiffer se le encomendó la tarea de proveer los vehículos y la comida para los fiscales para las personas del oficialismo afectadas al acto electoral.
Para poner orden y transparentar la cuestión de la movilidad, Pfeiffer tuvo la brillante idea de convocar a los 500 vehículos particulares y remises contratado en un solo punto de la ciudad. Es difícil ordenar 500 choferes, identificarlos y explicarles la forma de pago en minutos; pero parece que el titular del Partido Intransigente se tenía fe.
Finalmente no pudo hacerlo. Cerca de las 11 de la mañana la escena era caótica, y lo peor, los llamados telefónicos de reclamando la movilidad estallaron. Directamente se optó por despacharlos a los vehículos con la promesa a los choferes de que cobrarían a la tarde.
En cuanto a la comida, la gestión de Pfeiffer no fue mejor. Con el papelón de la movilidad, el ex Ministro se dedicó a distribuir la comida. En realidad, lo de distribuir es un decir, se dedicó a decir a los responsables de escuelas que si conseguían un vehículo, que pasaran a buscar la comida. La cuestión no cayó bien tampoco a la gente encargada de las escuelas, es que agregarles otra tarea más a las que ya tienen, todo para solucionar las macanas seriales de Pfeiffer, resulto indignante para muchos, por no decir todos y todas.