Como todo el mundo sabe, hay una ministra, Noemí Villagra, aunque ni falta hace nombrarla, a la que su falta de tino político la ubicó en el ridículo; pero hay también un ministro, Luis Romero, un tanto menos expuesto que la ministra, a la que también el Poder Ejecutivo, en este caso la mismísima Lucia Corpacci, desautorizó.
El caso de la ministra es conocido ampliamente. Prácticamente desde el día en que asumió el cargo de ministra de Salud hasta ahora, nunca termino de hacer pie. En su largo derrotero, sumo cientos y cientos de papelones pero aún así resiste los embates de casi todos los catamarqueños que consideran que ya debería haber sido echada, por lo menos.
Ella, dicen, y quienes la “bancan” esperan que cumpla los sesenta años para que pueda jubilarse y así poder irse por la puerta grande. Su papelón más grande es el último, el de la asistencia de otro ministro en el zafarrancho que armó con los gremios de la Salud para fijar una política salarial y terminar así un conflicto eterno.
El otro ministro, Romero, no le va en saga a Villagra. Es conocido por todos, aún dentro del mismo Gabinete, su ineficiencia. Cometió cientos de macanas que comenzaron a ser advertidos hasta por la prensa, a la que por cierto le cuesta acceder a información por distintos motivos.
El primer gran error de Romero fue la falta de provisión de todos los servicios al predio de la AFIP en Tinogasta, donde se debe construir un depósito de consolidación de cargas internacionales.
Como Romero no hizo las obras correspondientes, la AFIP decidió no hacer las obras con una inversión cercana a los $8.500.000,00. El papelón tuvo que ser solucionado por la Secretaria de Coordinación Regional e Integración; finalmente la AFIP decidió continuar con la obra.
Como Villagra, Romero no dejó error sin cometer; podría listarse el papelón de las 1000 Viviendas (trabajos mal hechos a un costo millonario avalados por el área), la línea de Ampajango-Santa María (obra también millonaria que también está sin terminarse, ni iniciarse siquiera), o la línea de electrificación en la Cuesta de El Portezuelo (que produce un daño visual irreparable a la principal postal turística de la provincia. La obra implica la inversión de varios millones, cedido a una constructora virtualmente desconocida en Catamarca; curioso… por lo menos).
Pero así como a Villagra le hizo falta la asistencia, o el correctivo, como se prefiera, de otros funcionarios, a Romero también.
La última semana la propia gobernadora Lucia Corpacci desautorizó a Romero en la única obra en la que avanzó algo, poco pero algo a fin. Se trata de la obra de Ampajango-Santa María, que Romero la había licitado, a las apuradas y mal, así que se hizo caer todo lo actuado. La obra la terminará haciendo un pool de empresas constructoras, para evitar cualquier tipo de suspicacias, pero bajo el control de la EC SAPEM.