Es que al decir de la gente que los mira pasar con ese aire sobrador generado por el triunfalismo que aún no terminan de elaborar a la luz del concepto que en un proceso electoral hay muchas variables en juego para ganar o perder, no sólo el carisma y la convocatoria que ellos justamente no poseen, y menos en Andalgalá en donde todos saben quién es quién, y cómo actuaron durante los últimos 2 años que tuvieron el gobierno.
Algunos radicales osados ya están haciendo planes de gobierno y hasta se dan el lujo de “armar” gabinetes y listas negras, como si el 2015 fuera a ocurrir pasado mañana y el gobierno provincial estuviera en la absoluta decadencia.
Los que se autodenominan “progres” procuran construir la “pata peronista” al mejor estilo de Oscar Castillo, y otros, la “pata familiar” emulado e Brizuela del Moral que da permanentes ejemplos de amor a su sangre.
Resulta muy cómico escucharlos hablar en los bares, cuando reparten cargos y prebendas para que los incautos indisciplinados de siempre, caigan en la trampa y comiencen a despotricar en contra de Lucía Corpacci y su equipo de gobierno.
Lo más triste –si, triste…- de todo esto es que no se trata de chilicotes, sino de profesionales, comerciantes, magistrados, docentes, todos, nostálgicos y bajo los efectos de “síndrome del sillón perdido” que tantas implicancias personales, sociales, económicas y políticas genera.