En términos generales, la asonada policial del viernes pasado tuvo un resultado final favorable para el gobierno kirchnerista; porque, a pesar de lo que diga la oposición radical formal o informalmente, es decir, desde la trinchera de las redes sociales, Lucia Corpacci garantizo la paz social en Catamarca. Mientras en nuestra provincia el conflicto solo arrojó como saldo negativo un policía herido en la pierna y dos negocios saqueados, en otras provincias el caos es alarmante. Por eso es meritorio la prudencia y el accionar del gobierno de Lucia Corpacci que logró en menos de un día restablecer la normalidad para desgracia de la oposición que apostaba el fracaso y al caos y que solo atinó a emitir un tardío documento.
Pero las mieles del triunfo obtenido sobre la barbarie fogoneada desde las sombras muy pronto tuvo un sinsabor amargo ayer lunes, cuando Lucia Corpacci sufrió traición a manos de un, ex ahora, incondicional suyo, el diputado Raúl Chico. Es seguramente uno de los fenómenos más curiosos de la interna que estalló en el oficialismo, que ayer lo privo de imponer candidato propio.
Para la sesión de la Cámara de Diputados, el oficialismo kirchnerista había acordado con el barrionuevismo y el merismo y tenía los números suficientes para imponer un presidente del Cuerpo, a pesar de los diputados de la Renovación Peronista, que no acompañaban al gobierno si el candidato no era Jorge Moreno. Insistimos, porque es importante resaltarlo, aun sin los votos de los diputados de la Renovación, entre legisladores meristas, barrionuevistas, peronistas puros y hasta uno que otro frentista, el oficialismo tenía los brazos necesarios para imponer su candidato, Roberto Perrota.
Sin embargo, a último momento, el diputado ultra corpaccista Raúl Chico, despechado porque no era él el elegido de las filas oficialistas para la presidencia del Cuerpo, se empacó y tampoco bajó a dar numero para el quórum, lo que determinó que el triunfo seguro del oficialismo se frustrara.
Para el oficialismo, Chico se pasó a la Renovación; con quien el kirchnerismo ya había resuelto terminar definitivamente ayer, porque a pesar de las importantes cuotas de poder que reclama y logra la dirigencia renovadora, a la hora de las definiciones termina restándole un apoyo importante al gobierno.
La Renovación no logro imponer a Jorge Moreno, pero igual festejaba ayer lo que logro políticamente, estirar la definición de la presidencia de la Cámara Baja, hasta mayo próximo; mientras Moreno seguirá ejerciendo el cargo de presidente provisorio. Peor hubiera sido perder definitivamente la presidencia o lograrla, pero con el apoyo de la oposición radical; claro que a un costo político muy alto para el sector.
El gesto del diputado Chico es un tipo de conducta que no deja de sorprender, aun en una política de bajo nivel como la que nos tiene acostumbrada nuestra dirigencia; porque moralmente ofende a cualquiera ciudadano como estas personas que llegan tan fácilmente a descollar dentro de una fuerza política, que encima los premia sin merecimiento alguno, pero que de pronto y porrazo, se convierten en enemigos cuando lo creen conveniente.
Con lo de ayer Chico pasa a engrosar la lista de otros dirigentes renombrados, que se hicieron famosos justamente por sus impúdicos virajes; Juan Carlos Balverdi, Pedro Casas, Adolfo Giordani, Silvia Natella, Daniel Saadi, Jorge Bonaterra, entre otras tantas celebridades que hicieron su sustancial aporte para consolidar nuestra débil democracia.
Es de suponer que anoche el kirchnerismo, y su propia conductora, Lucia Corpacci, al poner la cabeza sobre la almohada, deben haber sentido una sensación de angustia e impotencia al comprobar la moral de otro de sus hombres de estrecha confianza como el santamariano Chico.
¿Cómo cambiar una provincia con tipos como estos?, sabrán preguntarse para sus adentro.
¿También hay este tipo de gente en la nueva política?, dirán.
(Parece que sí)