¡Tú también Juan Cruz!

La nueva política, la que protagonizan jóvenes y exitosos profesionales, parece condenada a producir cosas tan raras como escabrosas. Ahora el que mostró las uñas fue el concejal Juan Cruz Miranda, que con sus truculencias repuso un tipo de conducta que para algunos es una muestra de flexibilidad casi cobarde, porque puede contra cualquier dogma. Peronísticamente, se denomina traición.
lunes, 30 de diciembre de 2013 00:00
lunes, 30 de diciembre de 2013 00:00

Miranda dejó sin aliento a varios en los últimos días. Desde su banca de concejal, adonde llegó prácticamente castigado por sus fechorías en el Ejecutivo municipal, pasaron 20 días en los que mostró, mal, muy mal, las uñas y su verdadera personalidad.

A caballo del tratamiento de la ordenanza del presupuesto del Concejo Deliberante, el joven contador de la renovación peronista, avaló el proyecto elaborado por los salientes funcionarios radicales Gilberto Fillipín, ahora también concejal, y Simón Hernández Jrs.

El proyecto radical, que no fija ningún tipo de límite a los gastos del cuerpo y que autoriza un alocado festival de designaciones en planta de funcionarios políticos salientes y entrantes, obviamente fue rechazado por el oficialismo representado por la hermana Jimena Herrera, presidenta del cuerpo.

Miranda detesta a la religiosa, no solo porque ahora lo deja off side en una intentona burda y obscena de posicionamiento político, sino porque ya le ganó una pulseada clave cuando se integró la lista de concejales capitalinos.

Miranda, sabedor que sería echado del Ejecutivo municipal, primero se lo apartó de la caja municipal (la secretaria de Hacienda) ubicándolo en la secretaria de Salud y Acción Social, se conformó con la banca en el Concejo Deliberante, adonde llegaría, pensaba, encabezando la lista para asegurarse la presidencia del Cuerpo, y los millonarios recursos que maneja claro.

Hasta la noche anterior al día de la presentación de las candidaturas, Juan Cruz Miranda estaba seguro que encabezaba la lista; recordemos que el plazo de presentación vencía a las 9 de la mañana de un día de septiembre.

Cerca de las 7 de la mañana del día en cuestión, surgió con fuerza la figura de la religiosa Jimena Herrera, la que al someterla a una ronda de consultas, era la elegida por todos. Eso terminó decidiendo a Raúl Jalil como integrar la lista de candidatos, para amargura de Miranda claro.

Y ahora otra vez, la hermana Jimena, presidenta del Cuerpo, lo deja en off side en su pretensión por mostrar por donde debe pasar el poder de decisión y toda la política municipal en los próximos tiempos.

Pobre Miranda, sin base electoral propia (solo lo sigue a todas partes su asesor rentado del PRO), y lo peor, sin buenos antecedentes, no puede aspirar a mucho; aunque sus ansias no conocen de límites y lo llevan a protagonizar trastornos límites de personalidad.

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