Efectivamente esta área tan sensible ha pasado de mano en mano sin que ningún funcionario dé en la tecla para solucionar al menos, el aquelarre que es el tránsito urbano.
Desobediencia a los semáforos, violación a la legislación de tránsito, menores al volante, contaminación auditiva y mucho más, cuyas consecuencias las padece el inadvertido peatón que puede morir en cualquier momento por las acciones irresponsables de los conductores ebrios, sacados, drogados y desquiciados que circulan por las calles de la ciudad mientras los “agentes de tránsito” miran para cualquier lado, porque no les interesa su trabajo y del cuan no saben nada de nada.
La gestión de Ignes ha sido especialmente anodina y no aportó ni una acción conducente al mejoramiento y disciplina del tránsito urbano. Por ello la gente anhela que quien lo suceda, sea una persona idónea, capacitada, valiente y comprometida con su comunidad.
Hasta el cierre de esta nota no se supo quién será esa persona.