Cuando en octubre pasado, el Senado Nacional aprobó por una amplia mayoría de 52 votos positivos, el proyecto kirchnerista que habilita a votar a los jóvenes a partir de los 16 años, solo hubo tres votos negativos, dos eran de dos legisladores catamarqueños, Blanca Monllau y Oscar Castillo.
En la Cámara Baja, el representante del radicalismo catamarqueño, Pedro Molas, se retiró antes de la votación del proyecto, por plegarse a la estrategia de la oposición radical, que finalmente fue aprobado con el voto del oficialismo.
Pero esa posición crítica al proyecto kirchnerista, que llevó a Blanca Monllau a decir en el recinto: “hubiera querido hablar antes de las adicciones de jóvenes, como por ejemplo, el consumo de alcohol. También del boleto estudiantil, de la alta tasa de suicidios de población juvenil, o de niños y jóvenes que sufren consecuencias contaminantes de agroquímicos”, ahora cambio en un apoyo que no tuvo, si la tuviera, explicación alguna.
En una reunión verdaderamente truculenta como fue la del viernes pasado, donde se prohibió la participación de representantes de los sectores minoritarios del radicalismo, la Mesa de Acción Política de la UCR resolvió que se presentará un proyecto en la Legislatura Provincial para modificar la ley Electoral provincial.
Según se dijo luego, el objeto de la presentación seria incluir a los jóvenes de 16-17 años para que puedan ejercer el derecho a votar de manera optativa, tal como lo establece la normativa nacional aprobada sin el voto de Castillo, Monllau, Pedro Molas y Mariana Veaute.
La modificación en la ley electoral provincial permitirá que los jóvenes de 16 -17 años sean incluidos en el padrón para que puedan ejercer el derecho al voto en octubre cuando se elijan cargos provinciales y para esa fecha, el alicaído radicalismo catamarqueño espera poder levantar cabeza; claro que no haciendo pie en principios ideológicos, sino más bien en la urgencia.