La política es así, está llena de sutilezas; gestos, fotos, declaraciones, apoyos o críticas, rechazos o despidos, que dejan entrever nuevos tiempos, ciertos intereses y hasta nuevas preferencias.
Pero, otras veces, algunas acciones directas no dejan lugar para las especulaciones y reflejan simplemente la esencia de ese acto.
El nuevo ministro de Educación, José Ariza parece que llegó decidido a cambiar muchas cosas, cuando no todo, lo que entiende contribuyo a hacer caer a María Julia Acosta.
Advertido de ese ímpetu de Ariza y rápido de reflejos, el Jefe de Despacho de la malograda Acosta, el joven abogado Gabriel Adolfo Giordani, comenzó a buscar dónde ir a “trabajar”, obvio que ni se le pasó por la cabeza litigar en los tribunales; sabe que lo suyo son los laberintos de la administración pública.
En épocas del FCS, hasta diciembre del 2011, era poderoso en la Subsecretaria de Información Pública, donde colaboró con el tristemente célebre Horacio Boucard. Tras la caída del “Loco la antena”, Giordani se volcó al kirchnerismo, lo que le valió para ir a parar en Educación, donde al parecer no tiene cabida con las nuevas autoridades.
El viernes mismo hizo las diligencias correspondientes para volver a la SIP, pero ahí donde antes reinaba, ahora obtuvo un “NO” rotundo. El mismo rechazo habría recibido en otras reparticiones cuyas autoridades aprendieron a conocerlo; por eso anda como los jugadores de futbol sin club, con el pase en las manos.