Los últimos dos días, todos tuvimos que escuchar declaraciones indignantes. Rudy Igor Ulloa dijo para defenderse de las sospechas fundadas sobre su fortuna que “no le perdonan el éxito”. Lazaro Baez, otro nobel millonario sospechado dijo que “es un hombre de bien”; y el tercer nuevo millonario sospechado es Oscar Castillo, quien se despachó con una sentencia antológica: “El problema más grande en la provincia es la falta de ética y moral”.
Debemos ser sinceros, desconocemos cuánto de convicción y cuanto de conveniencia haya en las declaraciones de estos tres personajes que se enriquecieron rápidamente. Uno era chofer hace unos cuantos años; el otro cajero de banco y el último, es recordado en su viejo Citroën 3CV.
Se sabe; el poder se maneja con una lógica de toma y daca, pero conociéndolos desde afuera de lo partidario, merecen nuestras sospechas, más si se tiene en consideración los dichos de un dirigente radical, hoy integrante de la Corte de Justicia provincial.
Raúl Cipitelli dijo una vez que la preocupación de los castillistas por la corrupción era semejante a la preocupación de Liz Taylor por el divorcio.