Es que en la puerta lo paró en seco, casi poniéndole una mano el pecho, el secretario general de la gobernación, con la pregunta irrespetuosa y en un tono amenazante: ¿Qué haces acá?
El joven funcionario, tímidamente, trató de explicarle con poco éxito el motivo de su concurrencia al secretario de Estado con responsabilidades de mayordomo, su candidatura suplente.
¡Pero vos no sos ni peronista!, cuestionó el funcionario sobándose la oreja.
El joven funcionario, con la ilusión hecha añicos, sin querer complicar aún más la escena (el funcionario ya había convocado con un gesto a la policía para que lo apoyen), prefirió retirarse del lugar.
Por suerte, un nuevo llamado de la maternal gobernadora le abrió el cerco al joven para que pudiera aceptar formalmente su candidatura.