El primer pataleo fue del joven que pretendía ser candidato a diputado nacional. Los amigos dicen que tocó puertas y timbres en busca de apoyos; pero no las puertas y los timbres indicados, no en nuestra provincia, sino en despachos de Buenos Aires.
Obvio, los apoyos tienen que ser locales, los porteños no votan acá; aunque sea, decían los propios amigos, hubiera buscado el apoyo de algún domicilio alquilado de Valle Viejo. El joven no lo entendió así e hizo saber que su dolor más fuerte es por el llamado que nunca llegó de la Gobernadora.
Otro caso de irritabilidad persistente y estruendoso que le tocó sufrir a la primera mandataria provincial, fue el de la legisladora nacional que se enojó porque le ocuparon el lugar en un palco. Menor el tema, pero que sirvió para calibrar su temple, su volumen político, el de la kirchnerista.
En su derrotero, la legisladora complicó a otros kirchneristas, no solo porque muchos preguntaron quién la hizo legisladora, sino porque se involucro directamente a otro legislador nacional y se develó su juego político de cara a lo que se viene, las elecciones provinciales de octubre. Se dijo que el legislador suma adhesiones al kirchnerismo y que paga con candidaturas.
El tercer berrinche lo tuvo que presenciar la propia Gobernadora y todo su gabinete. En el encuentro en la residencia de Parque Chacabuco, un ministro muy cuestionado por los medios de comunicación, hasta los declarados amigos del Gobierno, dijo que sufre una persecución de El Ancasti, el que recibe millones (cinco para ser precisos) de oficinas kirchneristas para hostigarlo. Salvo la Gobernadora, a quien no le gusto lo que escuchaba, no porque fuera cierto, sino por el grado desvarío de su ministro, el resto del gabinete contuvo las carcajadas como pudo.
Y finalmente el último, el que protagonizó en la red de redes, un intendente ultra k, que ahora anunció que su sector lo defraudó y que para colmo con nombre apellido menciona al esposo de la Gobernadora como responsable de su bronca.
Joven y adicto a la Internet, el intendente parece que sufrió con angustia el ordenamiento territorial político del oficialismo. El, parece, pretendía una porción más amplia del este provincial que la que finalmente obtuvo, lo que termino amargándolo al extremo de amenazar de abandonar el kirchnerismo.
Según la biblia de la psiquiatría, la repetición de los berrinches de tipo infantil está diagnosticando trastornos mentales, desordenes bipolares, que merecen una atención especial y, porque no, tratamiento psicológico. Son cuatro casos de kirchneristas puros para el diván.