Oscar Castillo pasa sus peores horas al frente de la conducción del radicalismo local. Las listas de candidatos que elaboró con la participación de Eduardo Brizuela del Moral lo enemisto con todo el arco radical y hasta con ex castillistas rabiosos.
Para integrar las listas de candidatos del radicalismo, Castillo reconoció que no logro sumar a nadie nuevo, ni extrapartidario ni independiente. Sonaban antes de conocerse las candidaturas cuestionadas, nombres como el de un empresario y deportista exitoso como Walter D’agostini o el de un bioquímico de apellido Lejtman. Pero nada, esos apellidos no figuraron ni a los mil.
Tampoco se quiso subir a esas listas Ricardo Guzmán, el ex intendente que aunque cuestionado por su paso por la intendencia de la Capital, conserva una buena imagen en el electorado radical. Ese rechazo, dicen, es el que más le dolió a Castillo, porque termino de arruinar la idea de un frente cívico remozado.
Pero a la seguidilla de fracasos, Castillo sumo el de sus propios militantes celestes. La lista que elaboro, ciertamente cayó muy mal en el radicalismo y en toda la oposición. Dentro del radicalismo, el descontento que generó amenaza con desmadrarse en una revolución que depende solamente de las bases radicales. Eso se verá mañana.
Pero cuando Castillo intento corregir el error de una lista de familiares y obsecuentes, no logro el apoyo de esos dirigentes a quienes había premiado, como dijo, por su “lealtad”. Nadie le quiso renunciar. Solo Marita Colombo esbozó un renunciamiento histórico, pero nunca en el Juzgado Electoral. Solo fue de boca.
Una de las respuestas que obtuvieron los enviados por Oscar a pedir la renuncia a Gustavo Jalile fue por demás contundente: “díganle a Oscar que no renuncio; después de lo que me hicieron en mi Departamento…nunca”.
Pero además de todos esos problemas, Oscar sumo el que le trajo el descontrol de su lengua. Para justificar las cuestionadas candidaturas, Castillo dijo que se premio lealtades porque el frente cívico de traiciones “que se vieron y que no se vieron”.
Oscar Castillo estaba denunciando que a los senadores que no los reeligió fue porque se prestaron a que el ex ministro de Gobierno Francisco Gordillo tuviera una interpelación tranquila.
En este caso, Castillo podría ser comparado fácilmente con Mario Pontacuarto, el ex secretario administrativo del Senado nacional que denunció el pago de sobornos en tiempos de la Alianza que comandaba Fernando De la Rúa.
Pontacuarto, a pesar de su arrepentimiento, también enfrenta ahora un pedido de condena que se resolverá en las próximas horas. Castillo, con o sin arrepentimiento, con o sin juicio, igual parece estar condenado.