La Venganza de Páez

Durante la jornada de ayer, muchos han sido los empleados que se nos acercaron para denunciar lo que nadie se anima denunciar, esto es, que los traslados no son otra cosa que persecuciones políticas, al menos así lo vive la gente que lamentablemente se encuentra en estado de total indefensión jurídica y de frágil contención gremial.
viernes, 24 de enero de 2014 08:05
viernes, 24 de enero de 2014 08:05
Luego de la huelga protagonizada por SOEMA y ATE que involucró a casi la totalidad de los empleados municipales, poniendo en vilo a la escasa tranquilidad de Intendente Páez y su consorte Cativa, protesta suspendida por la conciliación obligatoria, lños funcionarios, especialmente estos dos mencionados, decidieron tomarse revancha y vengarse de los malos ratos que estos "insurrectos” los hicieron pasar durante casi dos semanas, haciendo peligrar la realización del festival de El Fuerte, el que, según dice la prensa oficialista, "viene más fuerte que nunca”.

En su escasa imaginación, Páez decidió hacer traumáticos traslados y rotaciones de empleados, sobre todo los que participaron de la protesta, generándoles serios  inconvenientes familiares o de estudio por el choque o incompatibilidad horaria.

Durante la jornada de ayer, muchos han sido los empleados que se nos acercaron para denunciar lo que nadie se anima denunciar, esto es, que los traslados no son otra cosa que persecuciones políticas, al menos así lo vive la gente que lamentablemente se encuentra en estado de total indefensión jurídica y de frágil contención gremial.

Estas actitudes demuestran que nada quedó en Alejandro Páez, de aquel muchacho simple y bueno, que trabajaba de maestro en la escuela normal, que le interesaba el fútbol y participaba de la Liga. Tampoco caben dudas de que en esa espantosa mutación, tiene mucho que ver el presidente del Concejo Deliberante, un tal Cativa que en cuatro años pretende ponerse al día de cerca de 40 años de marginalidad social, carencias económicas y ninguneo partidario. Más grave aún resulta el hecho del desconocimiento u omisión de los derechos constitucionales que asisten a los trabajadores municipales, amparados nada menos que en el Art. 14 de la Constitución.

Muy malo, muchachos…si no se lo reclaman los trabajadores bastardeados y con sueldo de hambre, se lo reclamarán sus hijos y los hijos de sus hijos, por el mal momento que les hicieron pasar a sus padres.

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