Durante su estadía en Catamarca, traído por Oscar Castillo,
Luis Barrionuevo y Eduardo Brizuela del Moral, el jefe de Gobierno porteño,
Mauricio Macri, ingresó a una fiesta privada a donde pronuncio un discurso y
todo. ¡Que tal!
Macri, como precandidato que es, habló e instó a los
invitados a sumarse al cambio que dice encarnar; mientras los pobres invitados,
anonadados, no podían creer lo que estaban presenciando.
Es que los invitados habían concurrido al lujoso hotel
Casino, a participar de un encuentro cultural, con cena de por medio, pagando
tarjetas de 300 pesos; pero nunca se imaginaron que en medio de la cena se les
apareciera un candidato presidencial y los discurseara. Sino, varios
seguramente no hubieran concurrido.
Cuando recuperaron el habla, los invitados claro, porque
Macri nunca se percató de la situación, concluían que los popes radicales, a
través de algunas "militantes” culturales, la esposa de Castillo por ejemplo,
lo colaron en la fiesta al jefe de Gobierno porteño y lo hicieron hablar.
Repetimos. Parece que Macri nunca se percató de la picardía
de sus anfitriones, que seguramente le facturaron económica y políticamente la
movida cultural, que tenía otro fin distinto al político.
Increíble, pero cierto.