A modo de conclusión, podría decirse que el Obispo de
Catamarca, Luis Urbanc, tampoco tuvo en esta oportunidad de la tragedia vivida
el 23 de enero una actuación a la altura de las circunstancias.
Tal vez cualquiera hubiera preferido que las consecuencias
de la tragedia, los hogares y las familias destruidas, hubieran ocupado el
centro de su agenda; pero no, eso no pasó. Fue si a El Rodeo, a visitar a unos
comerciantes y a charlar sobre sus pérdidas, pero nada más. Igual que los
innumerables fisgones que demoraban los trabajos que intentaban normalizar la
situación.
Molestó en la grey católica esa displicente actitud; casi
tanto como molestó en el Gobierno el interés del Obispado por encarar ellos una
investigación propia sobre las peligrosas crecidas del Río Ambato (¡vaya uno a
saber a quién hubiera liberado de responsabilidades y a quienes se las hubiera
achacado!).
"Mejor ocúpese de su rebaño, que lo necesita”, le habrían
contestado desde Casa de Gobierno. ¡Será!