El desempeño de José Ariza en el Ministerio de Educación ha
sido una estimulante sorpresa para el corpaccismo más ortodoxo. No en lo que se
refiere a lo estrictamente profesional, académico, donde hay coincidencia con
el criterio general de que es un improvisado más del montón, sino en las
extravagancias que ha protagonizado desde que sucedió a María Julia Acosta.
Tuvo varias sandeces en sus meses de gestión, pero la
última, la que le valió la consagración entre los más ultra del oficialismo,
fue la del acto de inauguración del ciclo lectivo, cuando produjo el pataleo de
Dalmacio Mera, que derivó en un terremoto político.
Se especula que esos mismos sectores que disfrutaron de
aquella sonsera, son los mismos que ahora mandaron a pintar las paredes
amenazando con una candidatura de Ariza para el 2015.
Nadie sensato cree que Ariza pueda ser candidato, menos a
intendente de la Capital, salvo que el corpaccismo, perdido por perdido, decida
ingresar en una zona de verdadera turbulencia que apure el final de su ciclo.
En las elecciones del año entrante, en marzo u octubre de
2015, se medirán tanto la firmeza de las decisiones del corpaccismo como la
capacidad de su equipo de gobierno, donde Ariza es una de las manchas más
negras. No por su origen peronista, sino porque es el símbolo más acabado de
ese profesional mediocre pero afamado, que solo sabe producir la UNCA radical.
Sin dudas, la capacidad de la gestión de gobierno, sus
logros concretos, serán pruebas esenciales para consolidar el apoyo de la
sociedad catamarqueña a la gestión actual; por eso se descarta una candidatura
de Ariza.