Efectivamente, cuando se realizó el acto para la entrega de
las 80 viviendas que el IPV construyó en Malli, todo estaba previsto, porque así
lo determinó ella misma, para que las casas sean entregadas por su propia mano,
lo que al final no pudo ser porque una
inesperada indisposición se lo impidió.
La dirigencia local se ocupó de la organización y de invitar
a todo el pueblo, más allá de que las autoridades hayan manifestado de antemano
que no irían, por razones netamente políticas y a la sombra de oscuras
especulaciones, totalmente anacrónicas ya que el pasquín de marras no supo
distinguir entre lo político-partidario y lo institucional.
Naturalmente Perea, Páez, Cativa y los demás no lo entendieron
así, y nuevamente mostraron la hilacha al no compartir el gozo de las 80
familias que ya tienen su casa propia, al margen de que la gobernadora esté o
no esté.
Los grupúsculos sediciosos no son el pueblo de Andalgalá, no
lo son los que siembran el pánico y la violencia, tampoco los que se empecinan
en dividir a una sociedad tradicionalmente fraterna y armónica.
El pueblo somos todos y en este concepto, no existen banderías
políticas, diferencias raciales,
sexuales, económicas o ambigüedades ni
dobles interpretaciones.