A lo largo de su carrera, un político profesional está
expuesto a niveles de estrés difíciles de sobrellevar, lo puede explicar que
por ahí pierda el rumbo; por ejemplo, puede ser procesista, alfonsinista,
menemista, delarruista, kirchnerista, todo. Al fin de cuentas, las convicciones
van y vienen, lo importante es la salud.
Estas conclusiones, llevan a algunos a sostener que, si la
embestida guzmanista lo deja sin nada en el radicalismo, Oscar Castillo podría
desembarcar en el kirchnerismo, adonde volvería sin que lo llamen, porque se
fue sin que lo echen.
La versión surge del análisis de las posibilidades futuras
del dirigente radical, que no son muchas si de verdad se democratiza la UCR
catamarqueña.
Pero paralelamente a estas hipótesis de conflicto, sin
ninguna concatenación claro, se produjeron hechos llamativos. El primero fue el
voto del senador Castillo por el candidato de Cristina Kirchner para la
presidencia provisoria del Senado Nacional, Gerardo Zamora.
La excusa del voto de Castillo fue el respeto a la tradición
de acompañar la propuesta del Gobierno, pero resulta que esa caballerosidad fue
en contra de la decisión orgánica del partido, que no voto al ex gobernador
santiagueño.
Luego, resulta que la esposa de Castillo, la escribana
Silvia Brocal, fue autorizada a escriturar todo los tramites de los
beneficiarios de los créditos PROCREAR, una posibilidad hermosa de hacer mucho
dinero efectivo, negada para la mayoría de los escribanos catamarqueños.
De Castillo nunca, nadie, piensa bien, eso sí, ahora está el
argumento de que nadie cree en tantas coincidencias.