El llamado fue recibido con una mezcla de sorpresa e
indignación en las líneas internas que se preparan entusiastas e intensamente
para participar de las elecciones internas de autoridades partidarias,
convencidos que están cerca de protagonizar un hecho trascendental en la
historia reciente de la Unión Cívica Radical [UCR].
Los máximos dirigentes del Frente Amplio de Participación
Radical [FAPRa], doctor Ricardo Guzmán, de la Renovación Radical Popular
[RRaP], Lic. Alfredo Marchioli y sus pares de Cantera Popular, leyeron el texto
con el ceño fruncido quizás porque no admitían que se los tomara por ingenuos,
y heridos en su dignidad no tardaron en contestar declinando mediante nota el
inesperado convite.
¿Qué hubo detrás de la invitación y el rechazo? Es que las
dudas que emergieron inmediatamente sobre las reales motivaciones de la
convocatoria tuvieron como referencia el complicado contexto que enfrenta el oficialismo
partidario.
La imposibilidad de asistir por compromisos asumidos con
anterioridad y reuniones con dirigentes de distintas localidades de la
provincia, en el marco de la campaña proselitista que vienen llevando a cabo,
fue la diplomática respuesta que enviaron, cumpliendo con la formalidad, a la
cuestionada actual conducción, a la que aspiran a desplazar a través del voto
de los afiliados el próximo 8 de junio. La atildada contestación fue fiel al
estilo de Guzmán, que evita todo tipo de confrontación, salvo la que se pueda
dirimir mediante el pronunciamiento popular como todo parece indicar está
dispuesto a hacerlo en estas instancias, sin que nada ni nadie lo hiciera
retroceder en sus legítimas aspiraciones.
Además, evitando cualquier plan cerrojo que les pudiera
deparar un encuentro con sus adversarios y la interpretación del mismo que
pudieran hacer circular desde las usinas de la propia conducción, como quien
teme a la peste hicieron conocer a la distancia su postura sobre las PASO, cuya
realización fuera anunciada por la gobernadora Lucía Corpacci en su reciente
mensaje a la Asamblea Legislativa, manifestando en la misiva que "la
institucionalización de las PASO constituiría una herramienta de relevancia
superlativa para la democratización de los procesos de selección de
precandidatos". Era suficiente, el tema al menos por ahora no daba para
más.
El señuelo no funcionó
Está claro que el señuelo de las PASO no funcionó. En los
círculos íntimos de la oposición interna se preguntaban con sorna si efectivamente
era ese el tema central del cónclave, en la presunción -casi lindante con la
certeza- de que el comité ejecutivo -que cumple a rajatabla las instrucciones
del senador nacional, Oscar Castillo y del diputado nacional, Eduardo Brizuela
del Moral-, lo adoptó como excusa escondiendo intenciones inconfesables,
ocultas para la opinión pública pero no desconocidas para ellos, entrenados en
el arte de bucear en las profundidades de las conductas humanas cuando hay
disputas por espacios de poder, más aún cuando deben enfrentar a esquemas y
metodologías enquistadas hace más de dos décadas.
Por lo tanto, conociendo el terreno en el que deben moverse, sabiendo sobradamente de antemano
que le están dando pelea a actores políticos con muchos callos en el experimentado
arte de las maniobras, intrigas y operaciones que les permita sacar ventajas
personales o sectoriales, no demoraron en rechazar la invitación.
El intento estaba condenado al fracaso desde su origen. La
respuesta era previsible, lógica y hasta elemental. No quisieron quedar
entrampados en alguna estrategia con la que celestes y renovadores pudiesen
fagocitarlos, dejarlos sin reacción y, consecuentemente, provocar no solamente
como efecto la desilusión en los miles de dirigentes de base y afiliados que
apostaron al cambio, sumándose a las nuevas propuestas que encarnan Guzmán,
Marchioli y los cuadros dirigenciales de la Cantera Popular, sino lo que es
peor -como consecuencia de lo anterior- el desmoronamiento de todo lo que éstos
han venido construyendo con mucho esfuerzo y sacrificio, el importante capital
político que lograron acumular en el valle central como en el interior de la
provincia. De hecho las últimas encuestas muestran a Guzmán y Marchioli en
crecimiento, mientras que Brizuela del Moral entró en un amesetamiento, y
Castillo se ubica muy por debajo en las preferencias del electorado.
Señales de alerta
La primera señal que puso en alerta al FAPRa., RRaP y
Cantera Popular fue la reaparición mediática de dirigentes funcionales a Castillo
y Brizuela del Moral [Gustavo Jalile, Alfredo Alvarez Morales y hasta el
sorprendente e indescifrable, aunque no tanto, José Sosa, otrora enemigo
acérrimo del senador nacional] proclamando públicamente a viva voz y en coro la
necesidad de la lista única, con un discurso florido -pero no exento de
hipocresía- por su constante apelación a la unidad, integración y
participación, que ignoraron, no respetaron y nunca pusieron en práctica
mientras se regodeaban en la ostentosa fiesta del poder.
Casi al mismo tiempo, desde los cenáculos del oficialismo
partidario se encargaron de divulgar que la fórmula de candidatos que
presentarán para la presidencia y vicepresidencia del comité provincia estará
compuesta por el verborrágico intendente de Fiambalá, Amado Quintar, el comodín
de la estructura tradicional que irá por la reelección , acompañado por la
ultracastillista, Marita Colombo.
Estos llamativos e inesperados movimientos no pasaron
desapercibidos. Es que el candidato indiscutido -así lo lanzaron al ruedo sus
allegados- era Brizuela del Moral. No tuvo que pasar mucho tiempo para que se
supiera que lo que forzó el plan B fue la impensada decisión que Brizuela del
Moral, supuestamente la carta fuerte que la conducción de facto tenía para
jugar, decidió sacarle el cuerpo [el miedo no es tonto, dice el refrán popular]
a una compulsa electoral que en principio parecía finalizaría en un simple
trámite, pero que mutó en difícil y complicada desde el surgimiento de otras
opciones como las que representan Guzmán, Marchioli y la Cantera Popular, que
estrechando filas, como presumiblemente sucederá, estarían en condiciones de
arrebatarle a celestes y renovadores la conducción de la UCR, haciendo realidad
el cambio largamente esperado por dirigentes, afiliados y simpatizantes
radicales.
Entretelones de la deserción
El paso al costado del ex gobernador, que adujo razones de
salud de un nieto suyo, provocó un tembladeral en los celestes y sus
debilitados aliados, que en medio del desconcierto y pese a la indigestión que
pudiese provocar no les quedó otra alternativa que apelar nuevamente al
inefable Coco y la incondicional Marita, y al mismo tiempo reflotar la idea de
la meneada lista única, para lo cual hacía falta generar confusión y embarrar
la cancha. Había que preparar el escenario.
La mesa esta servida, el menú no podría haber sido más
oportuno que el reciente anuncio gubernamental sobre las PASO, sólo faltaban
los concurrentes y la foto para completar la escena. Pero, los principales
invitados, intuyendo a lo que se exponían y rápidos de reflejo, no fueron y el
festín con el que se saboreaban los comandos radicales se frustró.
Los celestes, juran a los cuatro vientos que no le
perdonarán a Brizuela del Moral abandonar el barco en medio de la tempestad,
aún en conocimiento de que al actual diputado nacional lo guía el instinto de
preservación y que, sondeos poco alentadores mediante, no está dispuesto a
correr el riesgo de una probable derrota en manos de una alianza liderada por
Guzmán. Se trata de salvar el propio pellejo, dejándolo a Castillo librado a su
propia suerte, y preservarse para mantenerse en la grilla de potenciales
candidateables para el 2015, posibilidad que ante un eventual fracaso en la
interna radical se le reducirá o anulará al máximo.
No hace falta ser un estratega iluminado [el ex mandatario
dista bastante de serlo, apenas alcanza la categoría de hombre con suerte y una
imagen ya deshilachada] para darse cuenta que perder en las internas
partidarias, significará el certificado de defunción a su prolífica carrera
política. Se le podrá endilgar cualquier cosa, menos que es un suicida. Que es
muy atento, es posible, pero sólo para acompañar a otros hasta la puerta del
cementerio, pero nunca será él mismo su propio sepulturero.
Nerviosismo y crueldad
Por estos días febriles, cunde el nerviosismo y la
preocupación acelerada en el castillismo que ve en serio peligro tantos años de
controlar a su antojo, junto al que ahora despectivamente llaman El Desertor,
los destinos del radicalismo.
Sin embargo, desde las propias filas del Movimiento
Renovador, que conduce Brizuela del Moral, se defienden esgrimiendo que durante
mucho tiempo Oscar Castillo usufructuó de la figura del diputado nacional para
mantenerse en cargos públicos y partidarios expectantes y decisivos, y desafían
en voz baja al jefe de la Celeste a que se presente como candidato a presidente
del comité provincial y legitime su liderazgo, ya no en mesas chicas o a través
de falsos consensos, sino sometiéndose a la voluntad ciudadana.
Tienen mucha malicia, son crueles. Saben como todos que
Oscar, como le llaman los pocos seguidores que le van quedando, ni siquiera lo
piensa porque sus convicciones están reñidas con los principios democráticos y
la expresión libre de la ciudadanía por vía del sufragio, y además es
consciente de ser un dirigente con probada incapacidad para convocar a las
masas, y desde hace largos años destinatario directo de la antipatía y
reprobación, aún fronteras afuera del radicalismo.