La interna tan temida (Parte II)

El rechazo de las fuerzas opositoras a la invitación realizada por el comité ejecutivo del radicalismo provincial a todos los sectores internos para reunirse el lunes pasado con la finalidad de “analizar la futura implementación de las elecciones provinciales Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias [PASO] y dar a conocer la postura del partido”, fue un serio traspié para los cerebros del castillismo y los renovadores, que en la desesperación por evitar la interna tan temida urden los atajos que más se acomode a sus pretensiones de seguir aferrados al cerrado manejo del radicalismo catamarqueño.
martes, 6 de mayo de 2014 10:25
martes, 6 de mayo de 2014 10:25

El llamado fue recibido con una mezcla de sorpresa e indignación en las líneas internas que se preparan entusiastas e intensamente para participar de las elecciones internas de autoridades partidarias, convencidos que están cerca de protagonizar un hecho trascendental en la historia reciente de la Unión Cívica Radical [UCR].

Los máximos dirigentes del Frente Amplio de Participación Radical [FAPRa], doctor Ricardo Guzmán, de la Renovación Radical Popular [RRaP], Lic. Alfredo Marchioli y sus pares de Cantera Popular, leyeron el texto con el ceño fruncido quizás porque no admitían que se los tomara por ingenuos, y heridos en su dignidad no tardaron en contestar declinando mediante nota el inesperado convite.

¿Qué hubo detrás de la invitación y el rechazo? Es que las dudas que emergieron inmediatamente sobre las reales motivaciones de la convocatoria tuvieron como referencia el complicado contexto que enfrenta el oficialismo partidario.

La imposibilidad de asistir por compromisos asumidos con anterioridad y reuniones con dirigentes de distintas localidades de la provincia, en el marco de la campaña proselitista que vienen llevando a cabo, fue la diplomática respuesta que enviaron, cumpliendo con la formalidad, a la cuestionada actual conducción, a la que aspiran a desplazar a través del voto de los afiliados el próximo 8 de junio. La atildada contestación fue fiel al estilo de Guzmán, que evita todo tipo de confrontación, salvo la que se pueda dirimir mediante el pronunciamiento popular como todo parece indicar está dispuesto a hacerlo en estas instancias, sin que nada ni nadie lo hiciera retroceder en sus legítimas aspiraciones.

Además, evitando cualquier plan cerrojo que les pudiera deparar un encuentro con sus adversarios y la interpretación del mismo que pudieran hacer circular desde las usinas de la propia conducción, como quien teme a la peste hicieron conocer a la distancia su postura sobre las PASO, cuya realización fuera anunciada por la gobernadora Lucía Corpacci en su reciente mensaje a la Asamblea Legislativa, manifestando en la misiva que "la institucionalización de las PASO constituiría una herramienta de relevancia superlativa para la democratización de los procesos de selección de precandidatos". Era suficiente, el tema al menos por ahora no daba para más.

El señuelo no funcionó

Está claro que el señuelo de las PASO no funcionó. En los círculos íntimos de la oposición interna se preguntaban con sorna si efectivamente era ese el tema central del cónclave, en la presunción -casi lindante con la certeza- de que el comité ejecutivo -que cumple a rajatabla las instrucciones del senador nacional, Oscar Castillo y del diputado nacional, Eduardo Brizuela del Moral-, lo adoptó como excusa escondiendo intenciones inconfesables, ocultas para la opinión pública pero no desconocidas para ellos, entrenados en el arte de bucear en las profundidades de las conductas humanas cuando hay disputas por espacios de poder, más aún cuando deben enfrentar a esquemas y metodologías enquistadas hace más de dos décadas.

Por lo tanto, conociendo el terreno en el que deben  moverse, sabiendo sobradamente de antemano que le están dando pelea a actores políticos con muchos callos en el experimentado arte de las maniobras, intrigas y operaciones que les permita sacar ventajas personales o sectoriales, no demoraron en rechazar la invitación.

El intento estaba condenado al fracaso desde su origen. La respuesta era previsible, lógica y hasta elemental. No quisieron quedar entrampados en alguna estrategia con la que celestes y renovadores pudiesen fagocitarlos, dejarlos sin reacción y, consecuentemente, provocar no solamente como efecto la desilusión en los miles de dirigentes de base y afiliados que apostaron al cambio, sumándose a las nuevas propuestas que encarnan Guzmán, Marchioli y los cuadros dirigenciales de la Cantera Popular, sino lo que es peor -como consecuencia de lo anterior- el desmoronamiento de todo lo que éstos han venido construyendo con mucho esfuerzo y sacrificio, el importante capital político que lograron acumular en el valle central como en el interior de la provincia. De hecho las últimas encuestas muestran a Guzmán y Marchioli en crecimiento, mientras que Brizuela del Moral entró en un amesetamiento, y Castillo se ubica muy por debajo en las preferencias del electorado.

Señales de alerta 

La primera señal que puso en alerta al FAPRa., RRaP y Cantera Popular fue la reaparición mediática de dirigentes funcionales a Castillo y Brizuela del Moral [Gustavo Jalile, Alfredo Alvarez Morales y hasta el sorprendente e indescifrable, aunque no tanto, José Sosa, otrora enemigo acérrimo del senador nacional] proclamando públicamente a viva voz y en coro la necesidad de la lista única, con un discurso florido -pero no exento de hipocresía- por su constante apelación a la unidad, integración y participación, que ignoraron, no respetaron y nunca pusieron en práctica mientras se regodeaban en la ostentosa fiesta del poder.

Casi al mismo tiempo, desde los cenáculos del oficialismo partidario se encargaron de divulgar que la fórmula de candidatos que presentarán para la presidencia y vicepresidencia del comité provincia estará compuesta por el verborrágico intendente de Fiambalá, Amado Quintar, el comodín de la estructura tradicional que irá por la reelección , acompañado por la ultracastillista, Marita Colombo.

Estos llamativos e inesperados movimientos no pasaron desapercibidos. Es que el candidato indiscutido -así lo lanzaron al ruedo sus allegados- era Brizuela del Moral. No tuvo que pasar mucho tiempo para que se supiera que lo que forzó el plan B fue la impensada decisión que Brizuela del Moral, supuestamente la carta fuerte que la conducción de facto tenía para jugar, decidió sacarle el cuerpo [el miedo no es tonto, dice el refrán popular] a una compulsa electoral que en principio parecía finalizaría en un simple trámite, pero que mutó en difícil y complicada desde el surgimiento de otras opciones como las que representan Guzmán, Marchioli y la Cantera Popular, que estrechando filas, como presumiblemente sucederá, estarían en condiciones de arrebatarle a celestes y renovadores la conducción de la UCR, haciendo realidad el cambio largamente esperado por dirigentes, afiliados y simpatizantes radicales.

Entretelones de la deserción

El paso al costado del ex gobernador, que adujo razones de salud de un nieto suyo, provocó un tembladeral en los celestes y sus debilitados aliados, que en medio del desconcierto y pese a la indigestión que pudiese provocar no les quedó otra alternativa que apelar nuevamente al inefable Coco y la incondicional Marita, y al mismo tiempo reflotar la idea de la meneada lista única, para lo cual hacía falta generar confusión y embarrar la cancha. Había que preparar el escenario.

La mesa esta servida, el menú no podría haber sido más oportuno que el reciente anuncio gubernamental sobre las PASO, sólo faltaban los concurrentes y la foto para completar la escena. Pero, los principales invitados, intuyendo a lo que se exponían y rápidos de reflejo, no fueron y el festín con el que se saboreaban los comandos radicales se frustró.

Los celestes, juran a los cuatro vientos que no le perdonarán a Brizuela del Moral abandonar el barco en medio de la tempestad, aún en conocimiento de que al actual diputado nacional lo guía el instinto de preservación y que, sondeos poco alentadores mediante, no está dispuesto a correr el riesgo de una probable derrota en manos de una alianza liderada por Guzmán. Se trata de salvar el propio pellejo, dejándolo a Castillo librado a su propia suerte, y preservarse para mantenerse en la grilla de potenciales candidateables para el 2015, posibilidad que ante un eventual fracaso en la interna radical se le reducirá o anulará al máximo.

No hace falta ser un estratega iluminado [el ex mandatario dista bastante de serlo, apenas alcanza la categoría de hombre con suerte y una imagen ya deshilachada] para darse cuenta que perder en las internas partidarias, significará el certificado de defunción a su prolífica carrera política. Se le podrá endilgar cualquier cosa, menos que es un suicida. Que es muy atento, es posible, pero sólo para acompañar a otros hasta la puerta del cementerio, pero nunca será él mismo su propio sepulturero.

Nerviosismo y crueldad

Por estos días febriles, cunde el nerviosismo y la preocupación acelerada en el castillismo que ve en serio peligro tantos años de controlar a su antojo, junto al que ahora despectivamente llaman El Desertor, los destinos del radicalismo.

Sin embargo, desde las propias filas del Movimiento Renovador, que conduce Brizuela del Moral, se defienden esgrimiendo que durante mucho tiempo Oscar Castillo usufructuó de la figura del diputado nacional para mantenerse en cargos públicos y partidarios expectantes y decisivos, y desafían en voz baja al jefe de la Celeste a que se presente como candidato a presidente del comité provincial y legitime su liderazgo, ya no en mesas chicas o a través de falsos consensos, sino sometiéndose a la voluntad ciudadana.

Tienen mucha malicia, son crueles. Saben como todos que Oscar, como le llaman los pocos seguidores que le van quedando, ni siquiera lo piensa porque sus convicciones están reñidas con los principios democráticos y la expresión libre de la ciudadanía por vía del sufragio, y además es consciente de ser un dirigente con probada incapacidad para convocar a las masas, y desde hace largos años destinatario directo de la antipatía y reprobación, aún fronteras afuera del radicalismo.

 

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