Ocurre en el vecino departamento mientras en Andalgalá, el
hospital tiene un obsoleto e impredecible parque automotor, cuyas ambulancias a
veces andan y a veces no, sin mencionar la casi permanente carencia de insumos
de emergencias.
De hecho, los opinantes mencionaron las derivaciones al San
Juan Bautista que se realizan casi diariamente por la carencia en el Hospital local,
de insumos e infraestructura para atender casos de extrema urgencia, al menos
por el momento y hasta que se inaugure el nuevo hospital, que será, según se
aseguró, importante para que las evacuaciones se realicen en mismo.
La pregunta coincidente es, qué privilegios políticos y
sanitarios tiene Santa María que no pueda tener Andalgalá, cuyo único pecado es
el de tener un intendente enemigo de la gobernadora Lucía Corpacci, inepto para
gestionar, y cuyo equipo de trabajo apuesta a la anarquía, al unicato
egolátrico y al total aislamiento de la comunidad que cada vez se siente en
mayor estado de indefensión en todos sus aspectos.
Pero a pesar del nuevo hospital, sería bueno que en
Andalgalá se instale el SAME, porque la población creció, los riesgos se
incrementaron y, a la enorme distancia, los temores recrudecen, sobre todo en
los sectores más desprotegidos y vulnerados por esos 20 años de oprobio y
abandono que sufrió este pueblo.