Esta suerte de autoconvocatoria que aglutinó a casi 2000
personas en un día laborable y lleno de presiones, fue significativa para la
marcha y posterior desarrollo de la campaña.
La presencia de los funcionarios provinciales, no ha
incidido en nada para que los simpatizantes se movilizaran por su propios
medios, ya que, según manifestaron muchos de ellos, solamente querían apoyar a
Miguel Morales porque confían en su hombría de bien y en que producirá el
cambio que el municipio y la ciudad necesitan, luego de cuatro años de
autoritarismo y aislamiento al que la ha conducido la mala gestión de Alejandro
Páez y José Cativa, a quienes consideran hoy "los gestores del gran engaño” al
incumplir todas las promesas preelectorales.
Significativo fue el hecho de que no hubo movilización, ni
choripanes ni escenario ni ninguna cosa rimbombante. Quedó claro que la gente
vino sola, respondiendo a una escueta proclama radial o a un sintético mensaje
de texto.
Escuchó a los candidatos con atención, gritó de euforia,
alentó y se alegró por ver qué tantos eran los que estaban presentes en esa
improvisada tribuna. Se alegraron también por la presencia de los funcionarios
provinciales, de cuya participación, ni siquiera los dirigentes sabían.
La caminata posterior a los discursos, fue consecuencia
lógica del entusiasmo reinante, y sirvió para que muchos que no estaban en la
movida definieran su voto, y tomaran conciencia de que las posibilidades de que
Morales llegue al municipio con muchas y para que se lo considere como el
ejecutor del cambio que todos necesitamos.
Escuchamos comentarios de aprobación, en distintos sectores
de la comunidad en la que el nombre de Morales ha quedado como estampado como
sello, en detrimento de la figura de Páez que encarna la desunión, la
malversación, la inestabilidad, la humillación y sobre todo, el aislamiento que
los andalgalenses no merecemos.